La risa está de moda

Escrito por Germán Jaramillo Duque el . Publicado en Columnas
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La risa está de moda, y se cotiza muy bien porque todo el mundo vive muerto de la risa a pesar de los motivos que hay para llorar.

Se puede explicar el éxito de la risa a través de los juiciosos estudios hechos sobre ella desde el punto de vista de la salud, durante los últimos diez años, también por su utilidad para ayudar a sortear la crisis y evitar que la humanidad entre en un estado de locura irreversible y los proyectos de la globalización se queden en mitad de camino, y también se puede explicar dicho éxito, a partir de su fuerza sicológica, porque se ha descubierto su capacidad para hacer sentir a quien ríe, mientras ríe, un estado de felicidad y cierta impresión de superioridad personal.

Según los estudiosos, cuando reímos involucramos en dicho ejercicio un amplio conjunto de músculos controlados por el sistema límbico, una parte evolutivamente muy antigua de nuestro cerebro, y de lo cual se infiere que el hombre viene burlándose del hombre hace mucho tiempo.

La risa produce liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina o adrenalina, incrementando la actividad cerebral, y disminuye el cortisol, una hormona parecida a la falta de dinero en el bolsillo, porque produce el estrés. Activa el sistema inmune, y para completar el cuadro de neurotransmisores, también produce endorfinas, que es una hormona muy alegre, y al parecer compinche de la libido porque se encarga de enviar mensajes de placer desde el cerebro a ciertas partes del cuerpo.

Quienes se ocupan de descubrir los secretos de la risa para mejorar la salud recomiendan reír hasta llegar a la carcajada, porque así aumentan considerablemente los niveles de serotonina y dopamina y por extensión los del optimismo.

El desarrollo de la risa obedece cada día más a las leyes del mercado, y menos al ejercicio de la voluntad, porque hay una cierta automatización en la búsqueda de espacios y situaciones que la despierten. Cada día es más necesario convertirse en un especialista de la risa si se quiere sobrevivir. Ahora salimos a buscar la risa, como si fuésemos al mercado a comprar algo. Reír se ha vuelto necesario, para no sentir el disgusto de ser catalogado como un amargado, o como un pesimista, y para no correr el riesgo de ser sindicado de terrorista, pues al parecer éstos nunca ríen. En muchas partes, sobre todo en grandes centros urbanos, he visto personas paradas en las esquinas o caminando por una calle, a punto de reír, y como cuando tal cosa vi me hallaba buscando datos para escribir esta columna, me acerqué a más de una para preguntarle la razón por la cual iba a reír y la respuesta común fue: -Estoy ensayando.

Es usual escuchar en las salas de teatro a espectadores soltando intencionados y quedos je, je, para manifestar su presencia y recordarles a los encargados de la obra su deseo de reír, y su decisión de no aceptar la puesta en escena de dilemas, trilemas y demás problemas de difícil discernimiento.

Pero la mayor utilidad de la risa (justamente la razón por la cual está subiendo de precio), es su gran capacidad de crear equilibrio social. ¿Cómo?, se preguntarán muchos, no dando crédito a esta teoría, y a quienes doy la razón, porque en occidente, que es donde estamos usted y yo, ciertas utilidades de la risa se han puesto en estudio de manera formal, hace poco tiempo, pues a lo largo y ancho de la historia la risa fue considerada parienta del mal. Así, quien reía era porque estaba en tratos clandestinos con algún demonio o demonia, y si la risa era permanente, el reidor o reidora podría ser enviado a la hoguera.

Ese equilibrio social se debe al gran poder sicológico que tiene la risa para generar convicciones automáticas respecto del bienestar y la movilidad social, porque quien ríe se olvida de sus carencias materiales y termina creyéndose igual o superior a su jefe. Es fácil deducir, entonces, cuan sencillo es resolver diferencias sociales si a las discusiones creadas por su causa se las inserta dentro de un bien dosificado espacio de risa, durante su desarrollo.  

Aún hay mucho por decir acerca de este asunto, pero no puedo construir un muro en el espacio que me han dado para levantar una columna. Por eso resumo, diciendo, primero, que para los controladores sociales, principales beneficiarios de las utilidades de la risa, importa más el equilibrio emocional que el económico, y segundo, que dado este gran descubrimiento de la sedación social que produce la risa, el Estado seguirá incrementando sus actividades lúdicas, con relieve de las que desternillan de risa, y los patronos crearán cada vez más espacios de risa paras permitirles a los subalternos ciertas licencias como lanzarles disimulados dardos a sus superiores,  ¡eso sí!, que no entren más allá de la epidermis.

La risa, en todo caso, es una herramienta de primer orden para el desarrollo de la globalización, porque a pesar de todo reímos. 

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