Que pena siente el alma

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Mi ánimo ha estado bastante bajo en estos días, por decir lo menos, pues la verdad es que llevo semanas con esta sensación de angustia y vacío en el pecho. La primera voz de alarma vino de amig@s quienes me confesaron verme cansado, tímido, sin chispa, silente y distante. Y no es que quiera excusarme, pero parientes a quienes mucho debo se han ido de este mundo en días previos, cercanos han enfrentado problemas que me muestran lo poco justo del mundo y veo el sufrimiento y la desesperación en cada lugar donde intento asomarme.
Para alguien que confía y cree en las artes (aún) resulta cada vez menos frecuente encontrar un colega que busque alianzas y amistad en aquellos para quienes, se supone, es referente. Escuchar discursos moralizantes provenientes del ego y que no se condicen con la realidad me ha cansado, me tiene desgastado, sin ganas, extraviado en mis pensamientos y buscando, con mucha frecuencia, la soledad.
Me he dado la licencia, que pocas veces me concedo, de escribir en esta ocasión con fines terapéuticos. Tengo muchas cosas que lanzar afuera para limpiarme por dentro.
Si me preguntan, en este momento, me encuentro decepcionado de la narración, de la paya, de la música, de la pintura, de la luthiería y de tantas otras prácticas en la que pensé encontrar personas con una calidad humana y personal mayor. En realidad, no son estos oficios y artes en sí los que me han llevado a esta tristeza e indolencia que parecen crónicas, sino quienes las ejecutan.
Afortunadamente (o desafortunadamente, no he logrado determinarlo con certeza aún) solo en el plano nacional. Artistas de otras latitudes parecen respetar más el propio trabajo, la meritocracia, la empatía y la honestidad que quienes han nacido en el terruño que habito y me habita.
Soy, tal vez, demasiado sensible a estas cosas y, quizá, no debiera analizar y pensar tanto. Pero es mi condición ser así. Estoy trabajando para lidiar mejor con ello, pero en el presente afecta mi humor, mi sueño y mi desempeño ver tanta división. Ver el clásico “salvarse solo” en casi cada esquina.
Para peor, es un grito de guerra no declarado de forma explícita. Muy bien alguien puede decirle a un cultor de menor experiencia y/o trayectoria de que tiene gran talento, que se dedique más, que su presencia escénica es prístina y su espectáculo de gran factura; para jamás compartir escenario con el interesado y, es más, llegar al extremo de hablar mal a sus espaldas de las mismas cosas que en su cara alababa.
Muchas mañanas he experimentado la sensación de que equivoqué el camino y, aunque la guitarra tenga sentido y razón, lo importante hoy es solamente el dinero, recurso que bien sabemos no siempre se asocia a una actividad que busca recrear el espíritu, y menos todavía, de la calidad de la propuesta y el compromiso de quien le de vida.
Pensé que era rabia. Pensé que era ira. Probable resultaba tratarse de mero cansancio físico y/o mental, ambos a la vez también parecían factibles.
Pero no, ha pasado agua bajo el puente y lo que enfrento es, lisa y llanamente, pena. Tristeza de la desigualdad, de la ambición, de la deshonestidad de toda figura de autoridad, de las atrocidades de la Iglesia y también de los personajes que les encubren, de la poca capacidad para argumentar de algunos, de la falta de integridad de otros, del poco respeto, de tanta mentira.
Hace una o dos semanas conversaba esto con alguien muy especial y a quien reconozco con una sabiduría enorme, la cual comparte sin barreras conmigo, quien me ponía en conciencia del escaso brillo de mis ojos. Me puso a pensar, como es frecuente que lo haga, y entre las muchas preguntas que me hice salió la siguiente: Si no puedo hallar refugio en las artes, ¿Dónde lo hallaré?
Es muy posible que no lo encuentre en ningún otro sitio, pero estoy haciendo una inversión a largo plazo. Si, tal vez, nací y vivo una época que dista de lo ideal tanto para crecer como para crear, pero si tengo suerte ganaré esta apuesta que estoy haciendo a nivel personal y, si todo sale bien, en años, décadas, posteriores a mi muerte sea ejemplo para alguien.
Quizá alguien me escuche o aprecie mi trabajo y de algo le sirva.
Es cierto, tengo pena.
Pero también es cierto que la situación bien puede cambiar. Como dice una copla antigua: No hay deuda que no se pague / plazo que no tenga fin / si una vez fue con guitarra / otra será con violín. Otra cosa me parece bastante concreta, escribir esta columna me ha hecho sentir un poco mejor.
 

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