Todos vamos para allá

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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No tengo claro el momento en que se adquiere la conciencia referente a nuestra finitud, pero de que llega, … llega. No solo el momento esclarecedor de la epifanía, sino el de la finitud también.
Quizás sea cuando por una mera casualidad miremos hacia atrás para ver cuánto de lo que alguna vez quisimos hacer, está hecho, o cuando nos detenemos en esta carrera desenfrenada para respirar hondo y darnos cuenta de que el tiempo no nos permitirá hacer todo aquello que tengamos planeado hacer.
Tal vez sea cuando asimilemos el hecho de que los números no mienten y según la estadística promedio, ya estemos más cerca de nuestro fin que de nuestro principio.
Quizás solo sea por un ataque de melancolía al ver el sol desapareciendo en el horizonte, así como nosotros mismos lo haremos algún día.
De bebés ni hablar, de niños solo tenemos tiempo para jugar, de jóvenes no tenemos tiempo para otra cosa más que vivir, de adulto no se tiene tiempo porque debemos producir y de adulto mayor, lindo recurso semántico para referirse a los viejos, la realidad del fin se nos acerca a pasos agigantados.
Empiezan los remordimientos por todo aquello que no hicimos, la mayoría de las veces por falta de tiempo.
¿Falta de tiempo?
¿Qué fue aquello tan importante capaz de secuestrar lo único que realmente nos pertenece; nuestro tiempo?
Me atrevería a afirmar que la mayoría de las veces fue por trabajo.
¿Valió la pena el desplazar nuestros afectos para rendir en la oficina?
Por supuesto, gracias a nuestros esfuerzos y sacrificios, logramos escalar en la escala de remuneraciones, en la escala de comodidades posibles, no solo para nosotros, sino para nuestros afectos también
¿Cómo no nos dimos cuenta de que, a más entradas, más salidas?
Mientras más se gana más se gasta.
Hemos optado por llenar nuestras vidas de cosas y no de afectos.
En estos tiempos donde se habla tanto de los recursos no renovables en acelerada extinción, a pesar de saberlo, no hemos asimilado que el más importante de los recursos no renovables es nuestro tiempo. En materia energética siempre se podrán encontrar sustitutos a los combustibles fósiles, en cuanto a la hambruna mundial, solo es necesario entrar en razón porque se produce más de lo consumido, pero jamás podremos sustituir o aumentar nuestro tiempo de estadía en este plano vital.
De viejos nos convertiremos en el soporte de la industria farmo química, con la esperanza de alargar nuestro tiempo, aunque no en óptimas condiciones, bien medicados podremos ganar algunos años.
Pero ¿que hicimos cuando aún éramos vitales?
Cuando no necesitábamos de lentes para maravillarnos con las formas y colores de la naturaleza.
Cuando no teníamos diabetes, colesterol alto o hipertensión como para deleitarnos con los sabores del mundo.
Cuando no necesitábamos audífonos para escuchar el trinar de los pájaros o el aleteo de unos insectos.
Cuando tuvimos la energía como para caminar durante horas, recorrer senderos, escalar montañas.
¿Que hicimos?
Creer que nuestro tiempo era infinito y nos postergamos, y con ello a nuestros afectos.
Todos vamos para allá; hacia la incertidumbre.
Disfrutemos hoy de la relativa certeza en que nos encontramos.
¡Hoy, no mañana!
 

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