Tesoro humano vivo

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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No quiero ser un Tesoro Humano Vivo.
Sí, leyó bien, no quiero ser un Tesoro Humano Vivo.
Ni hoy, ni en treinta, ni en cincuenta años más.
En lo mínimo me interesa.
Define el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio como tales a “…Comunidades, grupos y personas que son distinguidos y destacados por sus pares, por los significativos aportes que han realizado a la salvaguardia y al cultivo de elementos que forman parte del Inventario de Patrimonio Cultural Inmaterial en Chile, de acuerdo a lo establecido en el Proceso para la Salvaguardia de Patrimonio Cultural Inmaterial. El objetivo del Reconocimiento es contribuir a la valorización pública del aporte y rol estratégico que determinados colectivos y cultores/as han tenido en la continuidad y vigencia de un elemento de patrimonio cultural inmaterial específico”.
(https://www.cultura.gob.cl/patrimonio/tesoros-humanos-vivos)
Como definición, hasta bonito suena y tiene muy buenas intenciones, pero pongo en duda que tanto se cumplan dichos objetivos, y también los criterios con que se llega a definir quien debe recibir tal mérito por sobre otro cultor de igual, o mayor y comprobada, trayectoria.
Hace un par de semanas se dieron los nombres de los afortunados que serían beneficiados al ser distinguidos como tales. Desconozco cuales son los beneficios de ser nombrado como tal, más allá de una difusión mediática y efervescentes de unas cuantas semanas y de ser objeto de muchas líneas en periódicos y medios virtuales, ser invitado a un par de desayunos y ser protagonista de una lente interesada en comprobar que ha realizado su trabajo con la instantánea a subir rápidamente al mundo virtual para que las redes sociales se enteren.
Me cuestiono mucho si el privilegio de ser nombrado como Tesoro Humano Vivo ayuda en algo a mejorar la calidad de vida de quien lo recibe, o si técnicamente provoca algún beneficio en el cultivo de las artes u oficio patrimoniales que el cultor mantiene y valoriza por ser una herencia natural.
Proyectándome a un panorama ficticio e hipotético, sería de más ayuda recibir un encordado para mi guitarrón chileno, una libreta para anotar versos, un instrumento nuevo hecho a medida para seguir tocando e inclusive una canasta familiar con los alimentos necesarios para sobrevivir un mes en vez de una foto al lado de un alcalde o autoridad de gobierno que, muy probablemente, jamás haya pagado una entrada para escucharme. Aunque no faltan los que prefieren esto último junto a párrafos de mentiras y tergiversación de la verdad.
No puedo comprobar que en todos los casos suceda, pero Alfonso Rubio Morales, perteneciente a una familia de cantores de más de cinco generaciones, organizador, autor intelectual y gestor del Encuentro Nacional de Guitarroneros desde el año 20002 y formador de más de cien guitarroneros, poetas y payadores a la fecha, docente de Guitarrón Chileno en el Primer Diplomado de Canto a lo Pueta; ha servido como justificación, sin quererlo, para el nombramiento de otro cultor pircano con la categoría de Tesoro Humano Vivo.
Sé que Don Alfonso, con quien trabajo hace 8 años de forma sostenida y regular, no está en lo más absoluto interesado en recibir este tipo de “reconocimientos”. Él mismo me dijo que le ofrecieron ser postulante a través de una llamada telefónica, pero se mantuvo distante. “¿Y a mí para qué me sirve que digan que soy eso? Prefiero preocuparme de ser bueno en lo que hago” me contestó cuando le pregunté las razones de rechazar tal oferta.
Y lo entiendo, empatizo y admiro por eso. No es fácil mantenerse íntegro y honesto ante tales estímulos, pero la idea es poder hacerlo y ser fiel con uno mismo. En ese sentido Don Alfonso ha sido un gran maestro para mí, en una persona consecuente, visionaria, creativa y además honesta. Más allá de ser un músico increíble, un poeta con verdadera sazón campesina, es un ser humano; cosa que no puedo decir de todos aquellos a quienes los legos dicen “maestro/a”.
Por eso, no quiero ni me interesa ser Tesoro Humano Vivo.
Si alguien, con tanto mérito como Alfonso Rubio, es dejado de lado, ¿Realmente interesan los saberes del cultor y su herencia o lo importante es que hay que entregar ese premio?, ¿Cuál es el criterio base?, ¿Cuál es el real objetivo de estos “reconocimientos”? Sin duda hay razones políticas de por medio y eso se comprende.
Lo que no se comprende, ni se justifica, y en lo personal encuentro de lo más deshonesto y denostable es argumentar la entrega de un premio a alguien, cuando el trabajo con el que se justifica lo ha realizado otro.
En muchas fotos y medios leí que, entre las razones para hacer recaer el premio en Juan Domingo Pérez Ibarra había varias: por su rol de formador de nuevos cultores, por su gestión en el desarrollo de su arte, por su compromiso con su labor.
Me llama la atención que se recalque, para hacer caer el honor de ser nombrado Tesoro Humano Vivo en otro guitarronero que no es Alfonso Rubio, el Encuentro Nacional de Guitarroneros desarrollado desde 2002. ¿Por qué me llama la atención? Porque las gestiones, la invención y la mantención de ese evento por años la ha realizado Alfonso Rubio con alguna ayuda de organizaciones con personalidad jurídica que él mismo ha formado.
Me llama la atención que se apele a la labor de formador de una persona que sostiene haberlo sido a través de eventos y talleres que comenzó a realizar hace no más de dos o tres años y en los cuales se incluyen en un 80% (siendo conservador) de personas que ya sabían cantar previamente o que han sido formadas por Alfonso Rubio, quien enseña el Guitarrón Chileno formalmente hace aproximadamente hace veinte años en su taller perteneciente a la Corporación Cultural de Puente Alto y que además, fue invitado a participar del Primer Diplomado de Canto a lo Pueta (primera instancia con certificación profesional dedicada a estos oficios) como monitor del ramo de Guitarrón Chileno, por quien suscribe.
No hay foto donde el Tesoro Humano Vivo del año no aparezca acompañado de algún alumno de Alfonso Rubio, salvo cuando aparece solo. Y aquí es cuando me sigo preguntando, ¿Se reconoce el trabajo bien hecho?, ¿Se reconoce el trabajo honesto?, ¿El premio no se puede declarar desierto?, ¿Qué es lo que premia esta distinción en la realidad y no en el papel?
No, no me interesa ser Tesoro Humano Vivo. No me interesa estar desconectado de la verdad, no me interesa cultivar la amnesia selectiva en pos del ego.
No si es con un cuestionable proceso y simplemente por hacer farándula. Por eso escribo esta columna el día de hoy, ya que, si en cuarenta o cincuenta años más alguien me quiere ofrecer algo así, tener una buena justificación para decirle que no. Para preguntarle a quien llame por teléfono o me envié un impersonal correo electrónico: “¿Y a mí para qué me sirve que digan que soy eso? Prefiero preocuparme de ser bueno en lo que hago”.
 

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