Eclipse

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Desde hace algunas semanas, casi de lo único que se hablaba en mi país, era sobre el eclipse y ese día, ya fue.
Por fin se vio, o más bien no se vio un fenómeno natural que para el tiempo del universo, pasa constantemente, pero para el tiempo finito del hombre, quizás, y con suerte, solo nos toque presenciarlo una sola vez en toda su vida.
La pequeña luna en comparación con el tamaño del sol, sin aspavientos, pero con cierta parsimonia pasa entre la tierra y el sol, hasta ocultar al astro rey.
En mi ciudad solo llegó a ocultar un poco más del 90% pero en el norte, el eclipse fue total, por 2 minutos, en plena tarde, el sol desapareció, bueno, casi, porque durante ese tiempo la bola de fuego hizo una rabieta de llamaradas desordenadas en torno al círculo negro de la luna, reclamando su lugar.
Todo el mundo estaba maravillado, aunque los más felices fueron los astro físicos y los comerciantes de artículos chinos. Mientras unos explicaban los avatares del universo apoyándose en gráficos poco entendibles y cálculos crípticos, los otros agotaban stock de todo tipo de suvenires de esos que uno compra para guardar en algún cajón olvidado, vendiendo en un par de días, lo que no venden en meses. Recordé de inmediato las fiestas religiosas donde la fe ciega de los sin esperanza se mescla con el comercio esperanzado en vender artículos religiosos. Cada cual tuvo su navidad.
Y nosotros, los simples mortales, bombardeados por los medios de comunicación advirtiéndonos de los daños oculares, de los supersticiosos diciendo que era acabo de mundo, de los místicos que era el momento de renovar energías astrales, de los de aquí y de los de allá, cada cual con su interpretación de una realidad que por más que se le quiera dar un significado más allá de lo que científicamente es, cada cual lo experimenta a su manera. Una vez más la naturaleza plenipotenciaria sobrepasó con creces cualquier iniciativa humana.
Los estafadores de siempre aprovecharon el momento, y mientras todos mirábamos hacia arriba, ellos hacían de las suyas por abajo. La cortina de humo funcionó de maravilla, al menos por un tiempo.
Así como la luna dejó de ocultar el brillo del sol y volvimos a nuestra realidad de cuentas por pagar y plazos con los cuales cumplir, la cortina de humo se disipó permitiéndonos ver lo que siempre estuvo ahí, aunque oculto, siempre estuvo.
Todo lo bueno y lo malo del ser humano, todo el amor y el odio contenidos en las palabras, en los gestos, en las acciones, toda la crueldad y la compasión de las iniciativas humanas donde un perro puede vivir mejor que millones de seres humanos y un ser humano sin nada por que vivir, sobrevive aferrado al amor que tiene por su perro. Donde los integrantes de algunos grupos de fe, caminan con los pies descalzos para evitar matar con su pisada a un insecto y otros parapetados tras sus escritorios de batalla, aprietan un botón para matar de forma aséptica a familias enteras sin responsabilidad de nada.
Fueron solo 2 minutos de eclipse, pero, al menos para mí, me bastaron para meditar sobre lo que fui, soy y podría llegar a ser, no en la soledad de individuo, sino en la colectividad de un grupo humano.
Fue una verdadera fiesta donde para algunos, el espectáculo mediático opacó a la experiencia. Cada cual con lo suyo, la experiencia es personal y el espectáculo, mientras no atente contra la veracidad de los hechos, bien venido sea.
El próximo año, y además cerca de navidad, tendremos un eclipse total en el sur de chile.
A comprar los boletos se ha dicho.
 

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