Y del público, ¿qué?

Escrito por Germán Jaramillo Duque el . Publicado en Columnas
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Se están abriendo debates para averiguar dónde y en qué anda el público, y si la dificultad para hallarlo obedece a que alguien se lo ha apropiado, y quisiera participar en uno de ellos, para preguntar cuál es el significado de público para quienes generan espectáculos, y si para los mismos éste es solo un pretexto, para evaluar, desde el punto de vista de la cantidad, la eficacia de un evento?
Podría sugerir otras preguntas complementarias, generalmente ausentes en los espacios abiertos para hablar de público (no sobre público, que quede claro), para profundizar en el análisis conceptual de qué es público, antes de entrar a averiguar si tiene o no dueño. Estas preguntas son las siguientes: ¿por qué la gente asiste a un espectáculo? ¿Tiene el público autonomía de pensamiento y de conciencia? ¿Está condenado éste a atender a una estructura ideológica en particular? ¿Participa en el diseño de los espectáculos a los cuales es convidado, o asiste a éstos como borrego? ¿Comparte entre sí, y de manera constructiva el conocimiento adquirido durante un evento y las emociones despertadas por el mismo, y convierte uno y otras en elementos para su formación, es decir, aplica éstos en la vida cotidiana posterior al evento, o todo se queda en el entusiasmo colectivo temporal provocado por el estado de multitud?
Pero es solo una sugerencia, porque estas sin preguntas cuyo fin es contrario al de de estos espacios teóricos, porque en ellos las preguntas de relieve están orientadas a definir el tema de púbico en términos aritméticos, debido al peso que sobre dichas convocatorias tiene el sello de industria cultural, y que las mismas pasan de largo por el concepto de calidad, y avanzan, sin detenerse, hacia la búsqueda de estrategias que ayuden a incrementar el público solo en términos numéricos.
La relación público y espectáculo se expresa de esta manera, porque la mayor preocupación de quienes hacen aportes para la gestión cultural, llámense organismos oficiales de cultura o entidades privadas con departamentos de extensión cultural, y de gestores culturales, o programadores, es el cuánto. Quienes hacen aportes para actividades culturales están siempre interesados en saber cuánto público se espera durante la realización de la actividad con la cual van a contribuir, porque dicha cifra les permite estimar cuántas personas van a ver su imagen institucional.
.Es ésta la razón por la cual los gestores culturales y los programadores son muy dados a poner de relieve en los proyectos que presentan, y en las entrevistas que conceden a los medios, la cantidad de público que asistió a su espectáculo, o que espera que asista al mismo, refrendando de esa manera el concepto de cuanto como único elemento analítico relacionado con el tema público. Los manuales de instrucción para la elaboración de proyectos hacen énfasis en el número de asistentes como un punto de partida ineludible para establecer el impacto social de la actividad o del espectáculo.
Por otra parte, los comunicadores sociales encargados de informar acerca de las actividades culturales, ayudan a consolidar la aceptación social del cuanto como un elemento probatorio de primera mano para establecer la calidad de un espectáculo, porque sus entrevistas están cargadas de preguntas que se hacen por igual a unos y a otros, sin establecer diferencias entre disciplinas y procesos.
Desde ésta perspectiva, ¿es posible averiguar dónde y en qué anda el público?

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