Lo que queda de septiembre

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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De Septiembre queda poco.
Mes complicado, mes de una mixtura a veces algo incomprensible entre amor y odio, entre sabiduría e ignorancia, entre muchos polos opuestos de un mismo continuo.
A algunos les parecerá extraño, pero Septiembre es uno de los meses que menos disfruto; aún cuando, paradojalmente, suele traer un promedio de trabajo muy superior al resto, en cuanto a lo que actuaciones se refiere. Aunque me permite mostrar con mayor amplitud mi quehacer, también me hace explícito el escaso conocimiento sobre su propia Historia, raíces y patrimonio que tiene el ciudadano promedio chileno.
Sigue siendo una fecha en extremo delicada el 11 de Septiembre, conmemorar a las víctimas de derechos humanos y detenidos desaparecidos de 1973 sigue siendo una herida abierta, aún hoy hay familias que no pueden cerrar su luto adecuadamente por no tener idea ninguna acerca del destino de sus parientes. Día de luto, de pena, de saber que ese nefasto día se comenzaron a engendrar muchos de los problemas estructurales que nuestro país adolece y seguirá sufriendo por décadas.
Sin el suficiente tiempo para una reflexión adecuada sobre que enseñanzas dejó esta crisis, por ponerle algún nombre, nos enfrentamos a las Fiestas Patrias, donde una cara de la moneda queda de cara al sol, pero la cruz queda besando la tierra y cubierta de oscuridad.
Por un lado, está lo hermoso del interés por acercarse a las tradiciones, raíces y orígenes de nuestra identidad, pero por otro el desenfrenado consumo, la algarabía de los feriados irrenunciables que concitan un patriotismo y nacionalismo absurdo que deslinda en el racismo más recalcitrante. Paradoja que nos lleva incluso a leer en redes sociales opiniones como que lo extranjeros que han venido a nuestra tierra en busca de mejores oportunidades y de un bienestar y calidad de vida sustentado por el resultado de encuestas muchas veces falseadas y promesas de puestos laborales injustificadas no pueden o no deben bailar cueca, o compartir en una fonda, por ejemplo.
El consumo se alcohol a grados extremos, la anulación de las capacidades cognitivas por iniciativa propia y todo el negro resultado de ello, con estadísticas tristes en cuanto a accidentes y muertes porque, en general, seguimos teniendo una conducta irresponsable en cuanto a enfrentar la relación de consumo de drogas (legales o no) y conducir vehículos motorizados. Sin hacer un análisis político muy profundo, es curioso que en estas fechas se aprueben tantas leyes polémicas y que nadie se entere, pues es más importante para la televisión y los medios periodísticos dar espacio y vitrina a “pseudo” payadores y mostrar lo que vale un choripán o un terremoto en los lugares autorizados para festejar la Independencia de Chile. Independencia bastante cuestionable cuando aún en pleno siglo XXI seguimos siendo una colonia de España, país al que seguimos rindiendo tributo a través del pago de servicios básicos como agua, luz y gas, además de ser uno de los principales accionistas y dueños de los bancos y AFPs adonde van los ahorros, por obligación en mayor medida, que el chileno trata de devengar con su trabajo.
Más absurdo es celebrar el 19 de Septiembre el día de las Glorias del Ejército, pues no creo que sea glorioso levantar las armas contra otros compatriotas, características principal del soldado chileno.
Eso a nivel general, pero en lo personal también, duele adicionalmente el tener que explicar lo que es la verdadera paya, lo que es un verso, ver como un alcalde o autoridad de turno ostenta de un chamanto o una manta que cuesta más de diez veces el equivalente a un sueldo mínimo, que desconocemos muchas de las formas que tiene el patrimonio de expresarse, que países vecinos tienen u mayor arraigo y respeto hacia sus pueblos originarios y que la tradición es un concepto bastante endeble.
Es doloroso afrontar que seguimos siendo un país tercermundista y en vías de desarrollo, que aún queda mucho trabajo por hacer, que en lo global no tenemos mucha idea de quienes somos y cual es nuestra identidad.
No obstante, seguimos y seguiremos habiendo unos pocos que, aunque nos tilden de graves o nos vean como bichos raros, damos nuestro tiempo y vida a cultivar, defender y difundir el espíritu noble de nuestros antiguos cultores.
Espero que algún día, nietos y bisnietos de los chilenos de hoy se enorgullezcan de bailar cueca, sepan defender sus derechos, sepan explicar lo que es la paya, aprendan algún verso a lo poeta en el colegio, estudien un mayor número de horas de Historia y Filosofía en sus escuelas, pero que también sepan respetar la diversidad y el valor de conocer realidades distintas en los hermanos de otros continentes y países hermanos, que sepan defender su honor sabiendo que la muerte no es argumento y que la paz es lo más importante.
Es esperanzador, para mí, sentir que queda tanto por hacer. Es una labor de lo más altruista saber que los frutos de mi trabajo no son un directo beneficio para mí, sino que para las generaciones venideras. No puedo dejar de hacer lo que hago, en Septiembre es cuando más caigo en cuenta de lo necesario e imprescindible que es trabajar por la cultura de Chile y lo seguiré haciendo mientras vida tenga.

 

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