Usted tiene un problema en sus comunicaciones

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Tengo pocos recuerdos nítidos de mi época de estudiante de Psicología, los que conservo en mejor estado de conservación tienen por protagonista a un libro. De ellos puedo conseguir evocar grandes porciones, recordar donde y en qué condiciones los leí, incluso.
Así, recuerdo con particular sobresalto una frase con la que me encontré en el séptimo capítulo del libro Gestión Organizacional, del célebre Darío Rodríguez: “Ud. tiene un problema en sus comunicaciones”. Aparecía así, con cursivas incluidas y todo el privilegio de ocupar un subtítulo por sí sola.
Como dicta la lógica en las páginas posteriores el lector quedaba frente a frente al concepto de comunicación, su evolución en los años previos y, como no, a todas las cuitas y problemáticas que podría sufrir su empresa en caso de no abordar el tema en profundidad y con el respeto que se merece.
Según Rodríguez, una definición muy rudimentaria del término podría ser un proceso de intercambio de información y transmisión de significado. Como reconoce, al mismo tiempo, que el concepto ha cambiado a una velocidad vertiginosa, se apoya en los cinco axiomas de Watzlawick, que podrían resumirse en:
1) Es imposible no comunicar. Sin duda mi favorito, plantea que uno está transmitiendo siempre un mensaje, aún cuando tenga la explícita intención de no hacerlo. Por mucho que no haya palabras, signos o gestos siempre hay algo que puede ser interpretado por un interlocutor o, para Watzlawick, receptor.
2) Hay un nivel de información y otro de contenido. Se refiere a que en ocasiones la comunicación se emplea para hacer evidente algo que bien podría no serlo tanto. Cuando después de una farra le preguntan al llegar a su casa “¿Sabes qué hora es?, su interlocutor tiene muy claro en que punto del reloj marcan el horario y el minutero, es decir el contenido, pero la pregunta está orientada al ámbito de información, insinuar y hacer patente la tardanza y que, quizá al salir, dijo que sería una cerveza y nada más.
3) La puntuación de la secuencia de hechos. Dentro de esta teoría hay una suerte de coreografía, no necesariamente ostensible para quienes realizan el acto-comunicativo. Recuerdo que en clases de Matemática me regañaban mucho cuando no entendía, y entre más lo hacían más retraía. Apartarme más no era la solución, por el contrario, atraía más retos, los que me cohibían, de ser posible, mucho más aún.
4) Existe comunicación digital y analógica. En la comunicación se entrelazan dos mensajes distintos, pero complementarios; lo que queremos decir y como lo decimos.
5) Hay interacciones simétricas y también las hay complementarias. El mejor ejemplo del que dispongo es la comunicación entre hermanos, esa que estalla con un “Mamá, Juanito…” y que recibe como respuesta inmediata “Sí, pero Pedrito…” y que podría durar horas, eso sin la intervención de Mamá. Mientras el diálogo siga siendo entre los hermanos se habla de simetría, cuando la madre para conversar a solas con uno de ellos la conversación pasa a ser complementaria, existe, en cierto modo, una subordinación del pequeño ante sus progenitores.
Recuerdo que estas teorías no eran más que la primera parte, una ínfima fracción de las lecturas de varios ramos de la malla. Comunicación era un tema importantísimo, era una herramienta poderosa, garantizaba erudición, sabiduría, una percepción más ancha de las cosas, y quizá nos dejaría capacitados para tener nuestro propio programa de concursos en la televisión. ¿Por qué no?
Volviendo a la realidad, debíamos estudiar bastante, era obligación leer mucho, lo que no niego era en ocasiones un verdadero gusto, ya que los libros, a pesar de ser excesivamente técnicos, contaban con una redacción soberbia y las garantías que otorgan a una el tener muchas ediciones a su haber.
Lo que me hace preguntarme, ¿Qué estudia un periodista hoy?
Leer las Ultimas Noticias, Publimetro, la Cuarta y otros periódicos de circulación menor es vergonzoso. ¿Dónde está el cuidado? Existen en esos pasquines de mala muerte párrafos completos en los cuales ni siquiera hay el atisbo más mínimo de poder encontrar al sujeto, adverbios lanzados como al azar, puntuación pésima. Y eso en lo meramente formal, ya que si vamos al contenido de sus hojas difícilmente podrán cubrir las expectativas más endebles. Las noticias que dicen contener no son para nada informativas y están envueltas en una cochambre de prejuicio, racismo, defensa a ultranza del modelo liberal y son, además, ofensivas y denigrantes para con sus lectores.
De la televisión ni hablar. Hace un par de días encendí el matinal de la Red para escuchar a un novel periodista decir “De acuerdo” por lo menos unas quince veces en menos de un minuto, dando luego el paso a un colega que dijo “Comisería” por lo bajo unas cinco sin que nadie le corrigiera. Repiten hasta el cansancio las mismas tomas hechas con una cámara, para las cuales ya no se justifica tal forma de operar pues hoy por hoy ni siquiera se puede usar como excusa el gasto superfluo de cinta.
¿Se dan cuenta de su rol de comunicadores?, ¿Lo asumen?, ¿Alguien les paga para que lo hagan mal adrede?, ¿Su título se lo ganaron o se los regalaron?, ¿Se les olvidó lo que estudiaron o jamás lo aprendieron?
Aunque resulte paradójico, 31 Minutos me parece, hoy por hoy, el medio informativo más respetable que existe en nuestro país. Al menos ellos son sinceros y no intentan ocultar lo que son: títeres y muñecos cómicos.