973%

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Mi abuelo español de tomo y lomo, siempre bebía una copita de vino tinto para acompañar su almuerzo, sin repetición, solo una copita, pero religiosamente el cáliz con la sangre de la tierra, era servido por mi abuela. Copa de vino y almuerzo en perfecta comunión. Cuando alguien tenía la osadía herética de cuestionar su costumbre, argumentaba ser una recomendación médica.
Estoy seguro que su médico, ficticio o no, no hubiese estado muy de acuerdo con el aumento de un 973% en la venta de bebidas alcohólicas en el contexto de esta pandemia de covid-19. Una copita estaba perfecta, pero 10...
De acuerdo, siempre nos hemos caracterizado por ser un país de bebedores excesivos, pero 973% ¿no será demasiado? incluso si la justificación fuese para desinfectarse con alcohol por dentro y matar al bicho, tal como declaraba un alcohólico vagabundo entrevistado por un medio de comunicación sensacionalista, sería demasiado. Ni siquiera la cesantía, la próxima pandemia, ha aumentado tanto como la ingesta de alcohol.
Creo que la mayoría de nosotros disfrutamos de una copa de buen vino, mejorado por la compañía de una mejor conversación con amigos, no necesariamente trascendente como para cambiar el curso de la humanidad, pero indudablemente cálida. Pasar de la copa con piernas esbeltas de vino tinto, al vaso ancho con 2 hielos contenedor de algún brebaje espirituoso parece un tránsito natural e incluso deseable para profundizar en los temas sugeridos por la pérdida momentánea del juicio crítico y las restricciones castrantes del buen comportamiento social.
¿Será que estamos o queremos ser más conversadores?
¡No! ¡Definitivamente no!
Lo más probable es que se esté bebiendo para olvidar, escaparse por un breve lapso de la realidad, negarse a saber del presente y mucho menos del futuro más incierto que nunca, confiar más en elefantes rosados con alas de mariposa que en las medidas adoptadas por tal o cual organismo para controlar la propagación del virus, desentenderse de las estadísticas truculentas manejadas por intereses de egoísmo supremo.
Alcohol gel en las manos y alcohol etílico en el resto del cuerpo, porque salvo honrosas excepciones de dirigentes en países no necesariamente desarrollados desde el punto de vista económico, pero si en vías de desarrollo social igualitario, o al menos en vías de, han demostrado una ceguera inconmensurable. Seguramente por el alcohol metílico que están consumiendo y que les ha afectado seriamente el nervio óptico como para ver más allá de sus narices.
Lo que está sucediendo en países como el mío, no es el resultado inmediato de un desastre natural producto de la evolución, ni las consecuencias de un arma biológica fuera de control, ni producto de una naturaleza tratando de defenderse del peor de sus depredadores; el ser humano.
Lo que estamos viviendo es la consecuencia lógica de la depredación del hombre por el hombre.
La inhumanidad humana ha llegado a tal nivel de ceguera, que no hemos perdido la capacidad de separar lo bueno de lo malo. El egoísmo prima y somos capaces de vendar nuestra conciencia con tal de beneficiarnos del no saber o más bien, no querer saber.
Al menos sí sé del ron con hielo que me prepararé esta noche tratando de cooperar con la estadística nacional.
 

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