Conversatorio y concierto del guitarrón chileno

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Este Viernes pasado, el 26 de Junio del año 2020, fue un día lleno de emociones. Intenso, despiadado, exigente, impetuoso.
Fue el colofón de una semana de características similares, de mucho ensayo, de poner la fuerza de voluntad a prueba y de mostrar la madera de la que estoy hecho. Durante este confinamiento, de ya más de cien días, no me he detenido ni he descansado. Hoy, que redacto esta columna, ha sido un día de cierto relajo.
Recién hoy, que es un feriado bastante lluvioso.
La semana trajo varios versos en décima, una melodía para traspuesta en la que estoy trabajando, algunos cuentos por grabar para Aprender la Radio - proyecto que se merece alguna columna a futuro – y la preparación para un evento sin precedentes, el Conversatorio y Concierto del Guitarrón Chileno.
Siendo un diálogo dedicado exclusivamente a nuestro cordófono tan especial, de veinticinco cuerdas, con un sonido hermoso y propio del canto a lo poeta, fue un acontecimiento inédito.
La instancia fue producto de la idea y gestión de Manuel Sánchez, colega payador y guitarronero proveniente de la comuna de lo Barnechea, entidad que se encargó de la organización.
El evento prometía hacer Historia. Sí, con mayúscula.
Decidí que la ocasión ameritaba una dedicatoria especial. Fui convocado como heredero de la Escuela de Guitarrón de Pirque, la más importante que ha tenido el país, la única que ha mantenido una continua formación de maestro-aprendiz y con una genealogía comprobable y comprobada de cultores, poetas, improvisadores y músicos de calibre.
¿Cómo podría haber honrado de mejor manera a los maestros de mis maestros?
Dándoles un rostro.
Busqué fotos, conseguí otras, pedí varias más y confeccioné una suerte de árbol genealógico de mi estirpe y linaje. Me tomé todo el tiempo necesario, hacía mucho tiempo que no me apoyaba en medios como Powerpoint para hacer una exposición.
Preparé también una melodía que venía trabajando, la del Llano, obra musical que me buscó cuando estaba recorriendo esa zona de Pirque a pie, en dirección a la casa de amigos que viven en el sector. Quería mantener el sonido de los álamos al ser mecidos por el viento, el del canto de los tiuques, evocar el olor a tierra, el frío leve que te hace sentir despierto y los colores de la puesta de sol.
Retomé un verso que escribí para la obra de teatro de sombras Relatos de Pirque: de la sombra a la luz.
Estudié, repasé. Todo debía salir de acuerdo al respeto y cariño que tengo con mis ancestros musicales y poéticos.
Los demás expositores habían hecho un buen trabajo. Algunos con errores históricos menores, pero eso era un detalle.
El local, Manuel Sánchez, conversó acerca del Guitarrón Chileno como material para crear abriendo nuevos horizontes sonoros. José Pérez Arce planteó algunas hipótesis respecto al posible origen del instrumento. Emma Madariaga mostró en su charla lo que ha sido aprender el Guitarrón Chileno siendo mujer y, además, adolescente; dándose lugar para mencionar a colegas mujeres. Lamentablemente se olvidó de varias de ellas, sobre todo de las que se han formado en Puente Alto y en Pirque. Roberto Hernández hizo una gran explicación desde el mundo de la luthiería, en torno al proceso que le ha llevado a la construcción de un “nuevo” modelo de Guitarrón Chileno, el Guitarrón Urbano. Me habría gustado oír el instrumento. Moisés Chaparro hizo un esbozo de recorrido mostrando algunos modelos de Guitarrones construidos por diversos luthieres a lo largo de los años. Franklin Jiménez compartió su experiencia de aprendizaje y camaradería con el Maestro Lázado Salgado, siendo la exposición que me resultó más interesante y honesta.
Dos minutos antes de comenzar a hablar sobre mis antecesores se vino un corte de luz generalizado. La tensión se apoderó de mí. Busqué un par de velas e hicimos algunos enroques con algunos de los expositores y, finalmente, debí compartir mis diapositivas desde el respaldo que envié a Deborah Durán, de quien debo destacar el compromiso y profesionalismo para organizarlo casi todo, incluso lo que no había sido cotejado.
Sin su ayuda no habría sido posible. Salí del paso algo nervioso, pero con total dignidad y con mil vicisitudes imprevistos.
Luego se vino una ronda de preguntas en la que participamos todos los exponentes.
Finalmente, algunos de nosotros seríamos parte de un concierto, muy breve. Canté, a la luz de la vela y de memoria, como tengo por costumbre, siendo el único que lo hizo así, sin leer soportes de ningún tipo. Manuel mostró una pieza instrumental de alta factura, Ultravioleta, la cual recomiendo escuchar. Por su parte Franklin Jiménez aportó algunos estilos como la cueca y el romance, poniendo en la palestra antiguas formas de abordar el cordófono que han quedado casi en desuso en la actualidad.
Fue un evento hermoso. Visto ahora, desde la calma y con el corazón a pulso normal. No fue un día fácil, por lo tanto, el mérito de haberlo hecho bien tiene varias bonificaciones a nivel profesional y espiritual.
Mostré una melodía y un verso compuestos por mí, poesía y melodía de propia autoría. Canté de memoria, como lo dicta la verdadera oralidad y tradición. Le di misticismo a la presentación a la luz de una vela. Honré a los actuales maestros y a sus maestros de la Escuela de Pirque y conocí a personas muy interesantes, generando amistad y camaradería.
Recibí buenos comentarios, una retro alimentación favorable y sentí en viva piel el aprecio por mi trabajo respetuoso y sostenido.
Ese día hicimos Historia. En lo personal, hice Historia varias veces.
 

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