Umbral

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Octubre 2019, levantamiento social, desde marzo 2020, la mayor pandemia de los últimos 100 años, en junio 2020 lluvias como hace muchísimo tiempo no teníamos, y para colmo, hoy vi por la televisión, un documental sobre una posible invasión reptiliana. Además, como guinda de la torta, desde hace algunos meses estamos viviendo un enjambre sísmico, típico anuncio alarmista de un terremoto considerable en cualquier momento. Lo único que nos falta es una erupción volcánica de esas de las cuales ya hemos tenido que sufrir sus efectos devastadores. Ah, se me olvidaba un tsunami.
El creador, sea quien sea o como sea ¿se habrá enojado con nosotros, los pobres chilenitos?
Esto es lisa y llanamente, acabo de mundo.
Aparentemente todas las profecías de sectas y culturas ancestrales, tanto como la de algunos charlatanes de los últimos tiempos sobre el fin del mundo, solo se han equivocado en la fecha exacta, pero no así en su ocurrencia.
No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, y pareciera que estuviésemos pagando al contado. Como si fuese poco, los intereses acumulados, durante todo el tiempo que hemos depredado sin control los recursos de nuestro pobre planeta tierra, nuestro indefenso hogar, son altísimos.
El único consuelo posible para salir no tan dañado de este hoyo profundizándose cada vez más y más, es que la vida de la humanidad siempre ha sido un péndulo moviéndose de un extremo al otro, un ir y venir constante. Estamos en un calentamiento, paciencia, ya vendrá una glaciación.
En este momento estamos viviendo momentos claramente negativos, pero ya pasarán, ya pasarán y nos iremos al otro lado de bonanza.
Antes de ver mejorías, puede que algunos renuncien, otros se vuelvan despiadados y lamentablemente los menos, muestren el lado amable del ser humano.
Todavía no se ha evidenciado un aumento en la tasa de suicidios, pero cuando comiencen a llegar los acosos de pago a las tarjetas de crédito que como nunca se han convertido en un salvavidas de plomo, las tumbas serán compartidas por las víctimas de la pandemia medica, con los de la catástrofe económica. No puedo dejar de pensar en el depredador despiadado que puede llegar a ser el ser humano cuando veo como las mascarillas de papel indispensables para evitar contagiarnos con el maldito bicho, han subido 20 veces su valor, eso, si somos capaces de encontrarlas, porque el pánico las ha comprado todas.
Sin embargo, siempre existirán esos ejemplos de comportamiento capaces de redimirnos como especie.
Las ollas comunes se han multiplicado en los barrios más desposeídos. Tratando de lograr una continuidad de estudios, un profesor recorre a caballo las casas de sus alumnos, haciendo clases de una hora para cada uno de ellos. Como si fueran ostias aun no consagradas, la señora Juanita reparte el pan recién horneado por ella a los abuelos de su comunidad.
Incluso, como un milagro premonitorio de mayor humanidad, políticos han votado leyes para favorecer a la gente, a lo que ellos llaman pueblo, en contra de la opción de su partido.
Las grandes crisis marcan un antes y un después en el devenir de la humanidad, un umbral entre 2 realidades. La esperanza, ese placebo que según el dicho es lo último que se pierde, es que la nueva realidad sea mejor que aquella que estamos dejando atrás.
 

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