La imaginación y la creatividad

Escrito por Carlos Fong el . Publicado en Columnas
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Dice Marta Gómez, en la introducción de un video hermoso que hizo con sus amigos sobre la canción Para la guerra nada, que “Cuán distinto sería el mundo si solo se usara nuestra imaginación para crear cosas que nos hicieran felices”. Y añade: “Cuánta creatividad hay desperdiciada en una guerra”. Pienso que en estos momentos de incertidumbre y confinamiento la creatividad y la imaginación son factores imprescindibles para reconstruir.

La mayoría de las personas que trabaja de alguna forma con la creatividad ha escuchado la famosa frase de Albert Einstein. “La imaginación es más importante que el conocimiento”. Hoy, en que necesitamos más que nunca del conocimiento de la ciencia para combatir un virus mortal, podríamos pensar que Einstein estaba equivocado, que la imaginación ahora mismo no es prioridad. Opino que es todo lo contrario. No recuerdo quien lo dijo, pero me gusta esta idea: “Imaginar es vivir un poco más felices”.

“La imaginación es el nombre del conocimiento en la literatura y el arte”, dijo Carlos Fuentes, y agrega: “El escritor y el artista no saben: imaginan”. José Martí, el apóstol de América, llegó a sentenciar que “los pueblos que perduran en la historia son pueblos imaginativos”. Un pueblo sin imaginación no existe y se reduce a la efímera condición de país, que es una expresión geográfica y no histórica. Para que el pasado y la tradición de una nación sean reales, deben ser tocados por la imaginación.

Al imaginar, no sólo inventamos la realidad: también la comprendemos y, más aún, podemos cambiarla al tomar conciencia de ella como lo que “es” y no como lo que “parece”. “La imaginación ofrece a la razón soluciones que ésta en vano busca”, dijo Martí. Algo parecido sentenció Eduardo Galeano: “La imaginación abre nuevas pautas a la comprensión de la realidad y presiente su transformación”. Y añade, además, que las ficciones nos revelan “las dimensiones ocultas de la realidad”. Si la imaginación es tan poderosa como para abrir puertas a la realidad, tiene igual potencia entonces para cambiarla por una mejor.

La imaginación es rebelde y desafiante. Es creadora y revolucionaria. No acepta la mediocridad, pero da la bienvenida a la invención inteligente. El poder de la imaginación interactúa en los lectores: “En la estructura social de la mentira -dice Galeano- revelar la realidad implica denunciarla; y se llega más allá cuando el lector cambia un poquito a través de la lectura”.

Por eso creo que leer ficciones es un proceso de realización personal que puede ayudarnos a comprender mejor la realidad. “Al concluir de leer una gran novela tenemos la ‘sensación’ de haber asistido a una particular visión del mundo y de la existencia, que no resulta tanto de las ideas sueltas que alternativamente hayan emitido sus personajes sino de cierta atmósfera general...”, ha escrito Ernesto Sábato. El lector descubre en la trama que la verdad de las cosas va más allá de efímeros conceptos o ideas, que la realidad es mucho más variada y general.

Pero la imaginación no solo es necesaria en los procesos creativos, como sucede con la literatura. Los grandes proyectos de muchos sectores son primero imaginados. Siempre se imagina primero para luego construir. Un arquitecto seguramente tiene la idea o el bosquejo de un diseño, pero seguramente también imaginó lo que su diseño hará sentir e imaginará las emociones que provocará. Los grandes proyectos políticos, los buenos proyectos que benefician realmente a las personas, se imaginan primero.

Creo que en estos tiempos de incertidumbre la imaginación es importante para reinventarnos y renovar las miradas que tenemos de las cosas. Así como la literatura nos puede dar grandes enseñanzas que nos obligan a pensar y darle sentido a la vida; de la misma forma, la imaginación viene a decirnos que la creatividad puede ayudarnos a rediseñar nuestro entorno. Todo el potencial de creatividad que podemos desarrollar lo podemos poner al servicio de la sociedad, cada uno desde su espacio, de tal manera que la espiritualidad y la imaginación nos sirvan para mejorar nuestra productividad.

Hay un grave peligro que el confinamiento está creando. Las personas, aparte de aburrirse y repetir monotonías, se convencen de que lo único real son los mensajes que reciben en sus teléfonos y el mundo puede tornarse más incierto para todos. Hay otro mundo que podemos enriquecer con la imaginación y está a nuestro alrededor, en la forma en que hacemos las cosas y las miramos con un poco de creatividad. Hace poco leí estas líneas en la novela Rendición, de Ray Loriga: “La guerra no cambia nada por sí misma, solo nos recuerda, con su ruido, que todo cambia”. Me permito parafrasear a Loriga: la crisis no ha cambiado nada por sí misma, pero su incertidumbre nos permite hacer que la realidad cambie para bien.

El autor es escritor y encargado de la Oficina de Promoción de la Lectura en MiCultura

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