Encuentros regionales en línea

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Así les han rotulado: Encuentros regionales en línea.
Suena bonito, ¿no? Sub título: Hacia un plan nacional de patrimonio cultural. En cuanto me llegó el afiche, diseñado por especialistas en el área, me quedé con la reflexión ¿Hay patrimonio que no sea cultural? Todavía ronda mi mente este cuestionamiento. Como tengo la convicción de que toda reflexión puede llevar a más preguntas y, por tanto, a más conocimiento, decidí participar.
Me llegó la invitación por correo, solicitando contestar al remitente para recibir las credenciales de ingreso a la reunión en la plataforma.
Recibí la respuesta casi de inmediato, donde se me informaba que debía de agendar dos horas y media de tiempo para tal fin. Dos horas y media.
Me conecté a la reunión, donde hubo una asistencia masiva. Gracias a la magia del internet pudieron hacerse parrte personas de recónditas comunas de la Región Metropolitana. Las que, de otro modo, no habrían podido llegar al centro de Santiago a compartir sus opiniones respecto al patrimonio.
En primera instancia nos dieron la bienvenida, nos mostraron las fotos de los ya sobre expuestos Tesoros Humanos Vivos de la región, nos comentaron un poco de la forma de trabajo a llevar a cabo, esto es; mesas acotadas para debatir y reflexionar. A partir de las ideas recabadas, se elaboraría un conjunto particular de estrategias para resolver ciertas problemáticas, tarea que, una vez finalizada, sería compartida con el resto de los equipos, formados al azar.
Y, nuevamente, nos largamos a conversar de lo mismo: ¿Qué problemáticas hay en el sector cultural?
He estado presente en decenas, soy conservador, de estos encuentros y ya he respondido a esa pregunta en diversidad de escenarios, marcos y niveles. Mis respuestas, y las de mis eventuales colegas en diálogo, no distan mucho.
Las debilidades siguen siendo las mismas. Invisibles, al parecer, para las autoridades, sin excepción, desde hace décadas.
El modelo con que se maneja la cultura en Chile es uno de índole privada. Cada quien debe velar por lo suyo, el rol del estado es débil y, salvo ciertos fondos concursables de larga data y dudosa efectividad, el dinero invertido por el Gobierno es inexistente.
Se sigue viendo a los trabajadores de la cultura y el patrimonio como unos meros personajes que se dedican a un pasatiempo muy lindo, pero que es inviable de transformar en un oficio que rinda réditos que permitan solventar los gastos básicos que implica vivir. Continúan abusando de la ingenuidad y entrega de un grupo enorme de personas a las que, periódicamente desconocen.
Yo no sé cuantos catastros se han hecho para cada rubro. He participado en más de una docena como Cantor a lo Divino, en otros tantos relacionados a la Narración Oral, bastantes desde que se considera como Tesoro de la Humanidad la Paya, es decir, desde 2016.
Suma y sigue…
Parece que el elaborar un catastro es la excusa para empezar a trabajar de verdad. Un despropósito total es gastar tanto dinero, nunca un catastro será completo y, hasta la fecha, jamás el Ministerio de las Artes las Culturas y el Patrimonio, o sus predecesores ha revelado que hará cuando tenga un catastro completo. Nos cuentan, nos identifican, ¿Para qué?
El modelo no sirve. Hace mucho tiempo que se le viene pidiendo a las entidades gubernamentales que hagan algo, algo, cualquier cosa que demuestre que están allí para proteger la cultura. Poca respuesta hay. ¿Existe algún documento consolidado de los hallazgos recabados encuentros/diálogos/encuestas previas?, ¿Alguien ha visto alguno?, ¿Han servido de algo?, ¿Ha mejorado la vida de los agentes de la cultura? Rotundos no, para todas y cada una de esas preguntas.
Y los funcionarios siguen viviendo la diletante fantasía de que su Ministerio, por llamarse ahora así, es un cambio de timón, cuando siguen haciendo lo mismo que vienen haciendo hace años y no ha sido de provecho nada más que para ellos.
Alguien está recibiendo dinero por hacer catastros carísimos, por desplegar métodos de investigación onerosos en grado sumo, que carecen de sentido. ¿De qué sirvió el catastro que hicieron para evaluar la situación de contingencia a causa del Covid-19? En más fondos concursables, cuando lo que se ofreció fue una ayuda de emergencia. Falsedad total.
¿Por qué nos siguen preguntando que necesitamos? Para mantener el status quo. El día del Patrimonio, que este año duró en realidad tres jornadas y que se desarrollo por vía online exclusivamente, dejó en manos de la voluntad de los cultores el que se realizaran actividades. Cada quien puso su tiempo, su internet, sus equipos y su energía para recibir a cambio un miserable diploma en .pdf que ni siquiera señala qué o cuál fue su cometido. Poco cariño, poca preocupación, poca empatía.
¿Quién lucró con el día del Patrimonio? El Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio. ¿Cuánto invirtió? Bastante poco. Unas plantillas de diseño para los afiches, montar una página web para que cada quien describiera aquello que quería realizar y el diseño de un diploma, solo uno, para entregar a cambio. Labores que, está claro, justifican el sueldo de un montón de funcionarios que cuentan con un contrato a justificar y que, por tanto, recibirán un sueldo a fin de mes gracias al esfuerzo ajeno. Entonces, ¿el modelo es privado cuándo conviene? Yo diría que sí.
Chile es el ejemplo del modelo neoliberal, somos en el extranjero el caso de estudio de como se instauró una vida donde todo lleva el símbolo $ y es muy lamentable que muchos parezcan hacer vista gorda de eso. Somos una cantidad no despreciable de personas quienes participamos de estos diálogos, concepto difícil de aterrizar cuando una de ambas partes es sorda, pero cuando hay actividades pagas, llaman a los mismos de siempre, que, por cierto, se marginan de estos eventos.
Además, ya encontraron la fórmula para hacernos creer que se hace algo: nombrar a alguien, periódicamente. Tesoro Humano Vivo. Lo exponen, lo muestran, lo entrevistan, le alimentan el ego, le dicen que sí a todo y le permiten vender su verdad parcial a todo el mundo garantizándole algunos fondos concursables durante el año.
Mientras ese uno que recibe el galardón está feliz y en la palestra, la mayor porción cultores de ese mismo oficio no tendrá trabajo ni aparición ninguna en los medios. Modelo privado, el yo por sobre la comunidad.
Estos encuentros son y seguirán siendo improductivos, ahora más que nunca.
Hoy, uno tiene que seguir contribuyendo con su tiempo, su esfuerzo, sus ganas, sus recursos y, sobre todo, con su fe, para recibir nada a cambio. Nada, porque ahora uno mismo debe de financiar su desayuno para participar en uno de estos “encuentros” con un organismo sordo y ciego.
¿Se pueden generar instancias de encuentro cuando la premisa es ignorarte? Creo que no.

 

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