Poesía maldita

Escrito por Diego Israel Terán el . Publicado en Columnas
Imprimir


     Quiero comenzar reconociendo que me declaro un total ignorante en poesía, su estructura y sus autores más representativos (aunque esto último me parece subjetivo). Y quizás se debe a que, durante mi infancia, mi papá me hacía no sólo leer poesía, sino memorizarla para que se la recitara. Desde ahí, hay un terrible intento por acercar a un niño de siete años, ya no digamos a la poesía, sino a la literatura en general, cuestión que me generó rechazo y disgusto hacia la misma durante mucho tiempo. Creo que la lectura (sea poesía, cuento o novela), no debe ser algo que se nos presente por la fuerza u obligación (pero ese es un tema que me gustaría abordar en otro texto y con su propio desarrollo).

     Entre tanto, estos poemas obligatorios con los que comienza mi historia, venían en una edición independiente (de esas que se vendían afuera de cualquier estación de metro, por la entonces económica cantidad de $10 pesos mexicanos) y la cual estaba compuesta por lo que a mi parecer, eran bastantes poemas que hoy ya no recuerdo (de hecho, el título del libro era algo así como: 50 poesías de amor o algún nombre genérico similar, que cumplía con el cometido de anunciar y vender su contenido).

     Esos 50 poemas, en efecto, eran en su mayoría sobre amor, sentimientos o emociones que despertaban a partir de un afecto correspondido, o en su mayoría, por un desalentador rechazo. Sin embargo, también fue ahí donde conocí uno, cuyo argumento no se enfocaba particularmente en lo afectivo. "El Brindis del Bohemio" de Guillermo Aguirre y Fierro y del cual sólo recordaría el nombre con el paso de los años, abordaba cuestiones de reflexión, añoranza e incertidumbre ante el porvenir, hecho que me hizo darme cuenta que poesía, no era un inapelable sinónimo de amor. Pero la importancia de tal descubrimiento, no significaría mucho para mí a esa edad.

     Así que ahí estaba yo, leyendo una y otra vez "El Brindis del Bohemio" (y muchos más), repasando, memorizando y repitiendo en voz alta para declamar en uno de tantos recitales privados, que tuvieron lugar en un edificio de apartamentos de la calle de la iglesia, como se le conocía popularmente a la calle Morelos, donde vivíamos en aquél entonces, por eso de 1994 o algo así.

     Esto no tardó en enemistarme con la poesía y la lectura en general. Y hoy, desde mi humilde postura como mediador de lectura, me pregunto: "¿A quién rayos se le ocurre poner un niño de siete años a leer y memorizar poesía?". Es cierto que introducirme a la lectura, a través de la poesía, en lugar de impulsar mi gusto y hábito por ella con fábulas y cuentos, no fue la más brillante de las ideas que tuvo mi papá y mucho menos sin educarme con el ejemplo, no obstante, no lo juzgo ni lo culpo. Ahora que sé el valor de la lectura, comprendo que sólo quería hacerme el bien de iniciarme en ella (aunque pésimamente ejecutado).

     Años después, encontré mi camino hacía las letras, adentrándome por el sendero que dejaba la pluma de Stephen King con “Los ojos del Dragón” y “Apocalipsis” y de ahí pal' real ("en adelante", como decimos en México) no tuve duda de que mi vida estaría incompleta sin un libro, historia o autor como mis fieles e incondicionales compañeros. Con el tiempo, mis gustos e intereses fueron volviéndose más específicos y coronando reyes a temas como el suspenso, terror y misterio.

     Evité la poesía tajantemente durante muchos años, hasta que tiempo después, cuando cursaba el segundo año de secundaria, hubo una actividad que involucraba nuevamente leer, memorizar y recitar una poesía. Consciente a mis catorce años de que no toda la poesía hablaba de amor, busqué y busqué hasta que encontré algo que me asombró y maravilló por igual. “Las Letanías de Satán” de Charles Baudelaire me tomó por sorpresa, mostrándome una belleza que no creí posible porque tomaba como sujeto de inspiración al más grande antagonista por excelencia. A pesar de ello y temeroso de crear controversia, opté por no recitar a Baudelaire y continué en busca de algo más. Entonces conocí a Manuel José Othón (poeta originario de San Luis Potosí, México), con la poesía titulada “El Perro”, que venía en “El Galano Arte de Leer Vol. 1”, compilación de cuentos, leyendas y poemas por Manuel Michaus y Jesús Domínguez.

     “El Perro”, quizás no desechaba la temática de un cariño, pues habla del afecto que estos nobles animales sienten por sus humanos, pero también planteaba lealtad, defensa y alerta ante la traición y otras amenazas.

“El Perro”

 (Fragmento)

Vendrá la aurora y te diré: “Despierta,
huyeron ya las sombras enemigas.”
Soy compañero fiel de tus fatigas
y celoso guardián junto a tu puerta.

     El buen sabor de boca que me dejó este poema, me impulsó a buscar más de la pluma del talentoso potosino y encontré otros poemas todavía más oscuros y de los cuales les comparto también dos fragmentos, con la intención de que los seduzcan esos escenarios lúgubres, impíos y hasta profanos.

“Los Muertos”

 (Fragmento)

Si oyerais al roer de los gusanos
en el hondo silencio, cómo espanta,
sintierais oprimida la garganta
por invisibles y asquerosas manos.

“Las Brujas”

 (Fragmento)

-Todas las noches me convierto en cabra
para servir a mi señor el chivo,
pues, vieja ya, del hombre no recibo
ni una muestra de amor, ni una palabra.

     Francia tuvo a los llamados Poetas Malditos: Stéphane Mallarmé, Paul Verlaine, Arthur Rimbaud y Charles Baudelaire (¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!), quienes fueron desdeñados por sus letras abominables y blasfemas, pero llenas de una belleza que en su momento fue poco comprendida y hasta censurada. Y desde mi humilde perspectiva no como escritor ni narrador, sino como lector, imagino que si se llegase a un consenso para erigir una rotonda a los poetas malditos del mundo, cuán orgulloso estaría de que Manuel José Othón, ostentase dicho título, porque sus letras cargadas de sentimientos y escenarios funestos, han despertado en mí un apetito por combatir mi ignorancia en la misma, con más poesía de este tipo. Bendita sea la hora en que conocí la poesía maldita.
 

Contáctenos

Teléfonos de contacto:
+57 315 542 73 66
+57 300 774 60 66       

Dirección:
Calle 4 No. 6-57 Buga - Valle del Cauca - Colombia

E Mail:  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.