Espacios para el reencuentro

Escrito por Carlos Fong el . Publicado en Columnas
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En medio de esta realidad casi distópica, de esta cruel realidad inédita, de estos tiempos de incertidumbre y desconcierto del que no se ha escapado ningún rincón de la humanidad, han nacido o se han adaptado muchas formas virtuales de transmisión cultural y una de esas son los círculos de lectura. Los club o círculos de lectura son espacios de transmisión cultural que consisten en un grupo de personas que eligen un lugar y tiempo para leer una obra literaria, con el fin de tener una experiencia con la lectura y poner en conjunto esa experiencia.

La pandemia también provocó que los círculos de lectura se reinventaran como una propuesta cultural. Entonces esos encuentros donde la mirada al texto se compartía de forma personal, donde la lectura por placer no tiene patria, ni dueño, ni edad, ni fronteras, porque la lectura es un encuentro solitario con la otredad que nos convoca sin prejuicios y total libertad, se estrecharon en un mundo virtual que nos encerró y nos distanció de los otros.

Debo confesar que en algún momento pensé que estas iniciativas iban a caer en un vacío o silencio, poniendo en peligro la noción principal de la lectura, que es la de construir sentidos en colectividad o de manera grupal. Que ese ejercicio de la colectividad que es capaz de unir a personas con diferentes formas de pensar; ese ejercicio de ciudadanía en espacios para ejercer y discutir nuestros problemas a través de las historias o la reflexión desde la cultura del libro, iba a quedar reprimido.

Me equivoqué. La crisis provocó que nacieran nuevos círculos de lectura. Incluso he sido invitado para conversar con distintos grupos que han organizado espacios de lectura con niños, jóvenes y profesionales. Hace poco participé en un diálogo con personas del sector salud, por ejemplo. Estas situaciones de lectura pueden sugerirnos muchas cosas, dependiendo del enfoque que le demos. La crisis, indudablemente, afectó esa relación que teníamos con los libros. Al contrario de lo que se piensa, muchos dejamos de leer como lo hacíamos, porque la incertidumbre y el desconcierto invadió ese espacio privilegiado de la lectura.

En el reciente Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, que organizó la Fundación Mempo Giardinelli, la conferencista que inauguró el foro fue Michelle Petit y ella abordó este tema en su conferencia titulada “Leer (o no leer) en tiempos de pandemia”. Fueron interesantes los testimonios que citó de personas lectoras que han dejado de leer porque no es fácil leer en contextos críticos. Y si esto pasa a personas que son lectoras, no podemos imaginar lo que sucede con las que no lo son.

Entonces, en medio de la crisis, los círculos de lectura que resisten y otros que nacen, vienen a llenar esos vacíos y a comprobar la primera noción y el propósito que tienen estos espacios de encuentros con la lectura, que es descubrir el valor social de la palabra a través de la literatura, socializar experiencias, compartir evocaciones y hacer provocaciones en familia. Un círculo de lectura también es un encuentro poético con el lenguaje y el ensueño. El propósito de un círculo de lectura no es solo acercar a las personas al libro y la lectura; también puede generar ideas y emociones que nos ayudan a construir subjetividades y a soportar la crisis.

De los círculos de lectura que han nacido en medio de la pandemia algunos son más institucionales. La Universidad Especializada de las Américas creó uno con el nombre de la poeta Elsie Alvarado de Ricord y el centro regional de Coclé de la misma universidad creó otro llamado “El Corotú”. La Academia Panameña de la Lengua acaba de fundar otro círculo de lectura y empezarán leyendo los cuentos de José María Sánchez Borbón.

Uno de los círculos de lectura que me llamó la atención es el que hicieron un grupo de amigos. Es privado; ellos se apropiaron de ese espacio virtual para compartir sus lecturas. El club se llama “La luciérnaga” y me enteré de que su metodología no es hacer lecturas sino comentar las cosas que han leído en la vida. Oscar, uno de los mediadores, confiesa: “No basta con el gusto a la lectura... hay que llegar a qué lecturas... Así que las dos primeras sesiones fueron un poco acartonadas... Pero las últimas dos han sido más relajadas…”

Y Doris afirma: “Reunirnos virtualmente y dialogar en este tiempo tan singular, tan de soledad, nos une a otros que también buscan compañía. Nos saca del fondo para llevarnos a la superficie. Voces y rostros amigos nos dicen que no estamos solos. Los círculos de lectura son espacios de construcción ciudadana, pero más allá de las ideas democratizadoras, ayudan a edificar relaciones subjetivas entre sus participantes y a resistir en contextos de crisis.

El autor es escritor y encargado de la Oficina de Promoción de la Lectura del MiCultura

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