Para leer Panamá o no leer Panamá

Escrito por Carlos Fong el . Publicado en Columnas
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El proyecto “Para leer Panamá” tiene sus antecedentes en el 2005, cuando los jefes de Estado y de Gobierno se ponen de acuerdo en crear una movilización regional a favor de la lectura como herramienta de inclusión social y desarrollo. Es así como se decreta el Año Iberoamericano de Promoción de la Lectura. La meta de países miembros del Cerlalc y la OIE, entre ellos Panamá, era crear una serie de estrategias para promover el libro y la lectura, del 2005 al 2015.

La base conceptual en la que se basó el proyecto “Para leer Panamá” se sustentó en una agenda destinada a la animación a la lectura, que comprendía una lista de iniciativas innovadoras para posicionar el tema de los libros y la lectura. De esta forma, el antiguo Instituto Nacional de Cultura elaboró un documento base para promover la lectura que se llamaría “Leer para vivir Panamá 2005-2015”, que movilizó y articuló al sector vinculado a la educación y la cultura del libro.

Junto con el Ministerio de Educación y la Red de Bibliotecas Públicas de la Biblioteca Nacional, en el mismo año se hace el lanzamiento de una intensa campaña de lectura que convocaría a la articulación de diversas instituciones. Se inicia una fuerte campaña con las reconocidas Caravanas de la Lectura, que permitió que participaran miles de personas en todas las provincias, incluyendo las comarcas. Se idearon 14 estaciones, cada una con un concepto que detonaría un pensamiento y una experiencia de lectura.

Poco tiempo después, se creó el Consejo Nacional del Libro y la Lectura, que redactó la Ley del Libro, la Lectura y las Bibliotecas, y se creó el Foro del Libro y la Lectura, que diseñó el plan nacional de lectura “Para leer Panamá”. A partir de ese momento, se dan los primeros pasos para poder hablar de políticas públicas de lectura de una manera más articulada, porque el PNL facilitó la identificación de las normativas ya existentes que deben ser utilizadas para una política pública de lectura.

Pero, ¿por qué “Para leer Panamá”? Una de las primeras fases de la campaña del 2005, “Leer para vivir Panamá”, fue diseñar un mapa del país lector, que exigió un esfuerzo territorial articulado para poder problematizar el tema de la lectura. Se descubrieron muchos escollos, como la falta de capacitación docente, la falta de comprensión de lectura, bibliotecas en mal estado, ausencia de acervo infantil y juvenil y, sobre todo, la falta de una política de lectura. Estos problemas aún persisten. La idea de crear una ley y un plan de lectura era para poder subsanar estos problemas.

“Para leer Panamá” encierra un soporte filosófico y pedagógico. Saber leer el país implicaba reconocer que leer es un derecho y que por eso podemos decir que leer es lo máximo, como decían dos de los 14 afiches, pero si no hay continuidad y seguimiento en los procesos, el verbo leer y la preposición para solo serán un estribillo sin ningún propósito ni acción. Leer para saber, leer para comprender, leer para no olvidar, leer para ser libres, leer para ser creativos, leer para ser mejores, leer para ser solidarios, etc., solo serán metáforas de un discurso político que cansa el oído. Saber leer al país es tener una mirada profunda a la realidad sociocultural de Panamá y saber confrontarla.

“Para leer Panamá” es reconocer, en primera instancia, que hay un problema de lectura en el país y que esa contrariedad, que parece ser una dificultad del sector educativo, debe preocupar a otras instituciones y actores del sector privado. “Para leer Panamá” es poner en la agenda del Estado el tema de la lectura como una prioridad. Es posicionar e institucionalizar la lectura, porque si tenemos ciudadanos que no saben leer ni escribir bien (a veces un analfabeto funcional es más peligroso que un analfabeto crónico), no podemos garantizar una sociedad integral y las palabras democracia y desarrollo serán solo un barniz.

“Para leer Panamá” es un compromiso cívico y público para respetar las normas que ya existen para cuidar las bibliotecas, para garantizar que esos lugares casi santos sean espacios poéticos dignos de la comunidad. “Para leer Panamá” es lectura para todos, sí; pero con colecciones de libros de calidad que vayan destinados a la primera infancia, a los niños, los jóvenes, los docentes y otros públicos que tienen derecho a leer.

“Para leer Panamá” significa darle sentido a la palabra cultura. Una palabra que debería estar en forma de libro en espacios y momentos especiales: en los centros de rehabilitación, en los parvularios, en los asilos de ancianos, en las cárceles, en las comunidades indígenas y campesinas, en los hospitales, en los centros de atención juvenil, en localidades vulnerables, y en momentos de crisis como los que están pasando ahora mismo cientos de refugiados por las inundaciones.

“Para leer Panamá” es reconocer que la lectura es uno de los instrumentos de transmisión cultural más importantes para garantizar la justicia, el derecho, la inclusión, la educación, y para salir de ese estado de pobreza mental que es peor que la pobreza en sí misma.

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