Juez, jurado y verdugo

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Hoy más que nunca, por el solo hecho de llevar siempre consigo un teléfono móvil, todos los tecnológicamente afortunados, tenemos la capacidad de ser testigos, acusadores, defensores, jueces, jurado e incluso verdugos, todo al mismo tiempo. Como los agentes encubiertos de las ya añejas películas de espionaje tipo James Bond, sin estar realmente conscientes de ello, todos tenemos en el bolsillo una cámara fotográfica, una de video, un micrófono, ubicación satelital, conexión a conectividad inmediata, todo aquello que antes era exclusivo de las agencias de espionaje de las grandes potencias mundiales, hoy es tan accesible como el ir a comprar un kilo de pan al negocio del barrio. Por supuesto existen los excluidos de siempre, pero hablaré desde mi cómoda posición como habitante de un país en vías de desarrollo.
Incluso, por tener la capacidad de estar en línea, los usuarios somos capaces de formarnos una primera impresión sin siquiera analizar, impresión errada, generalmente inducida o manipulada para el beneficio de unos pocos en desmedro de muchos.
Con un simple click, somos capaces de crucificar sin miramientos a quien desconocemos y del cual ignoramos su realidad. Marcar a alguien con estigmas es demasiado fácil y esos estigmas no desaparecerán jamás, muy por el contrario, sangrarán por siempre.
Las fake news se han transformado en la más poderosa arma de destrucción.
En teoría la tecnología ayuda a la humanidad. Aunque esto sea parcialmente cierto, existen daños colaterales de los cuales, aun no tenemos plena conciencia.
En su libro "La fábrica de cretinos digitales", el neurocientífico francés Michel Desmurget, basándose en datos duros producto de numerosas investigaciones, afirma que, por primera vez en la historia, se ha visto como los hijos tienen un menor coeficiente intelectual que el de sus padres.
La tecnología ha transformado al planeta en una pequeña aldea digital, con nuevas generaciones de nativos digitales capaces de tener al mundo en sus dedos, pero a nadie en sus corazones.
Ya existen juegos olímpicos digitales donde eso de más alto, más lejos y más fuerte, se ha reemplazado por más velocidad de procesamiento, más gigas en la conexión a internet y más resolución con la tarjeta de video. Los logros atléticos evidenciando salud física y mental se han transformado en logros de hardware y software.
La falsa disminución de distancia entre humanos, es solo virtual pues para conectarse con un supuesto amigo en otro continente, amigo que nunca se conocerá físicamente, se anula toda posibilidad de relacionarse con quien se tiene al lado.
La tecnología llegó para quedarse y no podemos renegar de ella, pues son indudables los múltiples beneficios que nos entrega, pero no podemos dejarnos engañar por el canto de sirenas digitales.
Ser juez, jurado y verdugo es demasiado fácil, lo difícil es tener plena conciencia del tremendo poder que tenemos en la punta de los dedos. Hoy más que nunca, eso del dedo acusador se ha vuelto en extremo peligroso, sobre todo si uno se encuentra del lado equivocado del dedo.
Click.
 

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