Entrevista a Claudio Ledesma

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Entrevista a Claudio Ledesma
Narrador oral y Promotor de la narración oral en Argentina

Por: Germán Jaramillo Duque

C.- ¿Quién eres tú, según tú?
C. Mi tarjeta personal dice: “Claudio Ledesma, Contador Profesional de Historias”. Me gusta presentarme así.
C. - ¿Vienes del teatro?
C. – Si, vengo del teatro y de la literatura. Cuando salí del colegio secundario estudié no lo que más me gustaba (que era el teatro), sino lo que menos me desagradaba, así que ingresé en el Profesorado de Castellano, Literatura y Latín. En el segundo año, saqué cuentas que me faltaban dos años más para recibirme, que iba a trabajar en cincuenta colegios y me iba a morir de hambre igual. Así que ese mismo año me anote en la ENAD, Escuela Nacional de Arte Dramático, el antiguo conservatorio, ahora se llama IUNA, Instituto Universitario Nacional de las Artes.En mi adolescencia trabajé en grupos de teatros independientes y luego me profesionalice contando cuentos con el trabajo constante.
C.- ¿Crees, como lo sostienen algunos, que el teatro está en crisis y que por esa razón muchos de quienes provienen de él se han dedicado a la narración oral?
C.- No, no creo eso. Y no sé quién lo sostiene.Considero que el teatro se ha ido modificando, creciendo y evolucionando. La narración oral a nivel de producción es más efectiva (ojo, que no digo que sea más fácil), digo que como narrador no necesitamos un elenco, un vestuario, escenografía, luces, utilería, dirección, etc. Aunque puede haberla, pero no es imprescindible para que el acto de belleza y comunicación se establezca. La magia sucede en un aula de colegio, una biblioteca, un café, un cementerio, un micro, etc. Sólo hace falta alguien que tenga algo que decir y otro que ponga su oreja para escuchar, imaginar y el milagro sucede...
En el teatro la producción es mucho más compleja, si un actor del elenco no puede viajar, la obra no sale de gira, si faltan a los ensayos, la obra se frustra.
Se trabaja a nivel colectivo y eso es siempre mucho más complejo, hay que ponerse de acuerdo en todo. En cambio en la narración oral el trabajo es más solitario, yo viajo a todas partes con los cuentos dentro de mí. Creo que por eso muchos actores se han dedicado contar cuentos. Pero definitivamente, no considero que el teatro esté en crisis, en Argentina la producción teatral es impresionante y de muy buena calidad. Hay espacios alternativos, profesionales, comerciales, es decir, teatro para todos los gustos, diversos espacios y en desarrollo.
C.- Hay quienes afirman que la narración oral es una especie de sustituto del teatro. ¿Coincides con esta aseveración? 
C. No, no coincido para nada. Y de nuevo… no sé quién lo afirma. Pero no lo creo. Yo para realizar una aseveración –sobre todo de este tipo-, busco, investigo, me documento o cito una fuente bibliográfica. Considero que en la narración oral, todavía hace falta muchas más profundidad teórica sobre la técnica, sus parámetros y códigos. Siento que muchas veces se repite como un loro lo que dicen los profesores o maestros, pero que no hay una investigación seria y documentada sobre el tema. A partir de los años 60, el mundo respiraba aires de protesta: la revolución cubana, la revolución sexual. Y esto se ve reflejado también en las artes, en particular en el teatro. Se rompe con el concepto de teatro como caja, aparece el concepto de teatro modular y nuevas modalidades teatrales con sus propias técnicas y especificidad, rompiendo la cuarta pared de un teatro tradicional. La performance, el teatro danza, el teatro comunitario, la narración oral, etc. se diferencian del actor de teatro normativo y representativo que conocemos. Son hechos teatrales y tienen sus propios códigos y técnicas. El teatro comunitario por ejemplo, no son actores convencionales, son vecinos que cuentan en forma colectiva la historia de su lugar de origen haciendo intervenir al público como un actor pasivo. El teatro danza, no son actores ni exclusivamente bailarines. El ballet teatro utiliza códigos dancísticos de carácter literal perfectamente semejantes a lo que es el arte del mimo, cuenta historias con un argumento comprensible en su narración a través del baile. Y la narración oral, también con su propia técnica, códigos y parámetros.
C.- Desde el punto de vista de la responsabilidad del mensaje, ¿crees que la narración oral está ejerciendo el mismo papel de observador y cuestionador de la realidad, que en sus momentos de esplendor tuvo el teatro? 
C.- En la actualidad, en la Argentina no creo que la narración oral tenga un papel de cuestionar la realidad. Se buscan más bien propuestas estéticas y artísticas. Obviamente que la selección del cuento no es inocente -pero funciona a nivel inconsciente-, uno al contar, se cuenta. Toma palabras prestadas, palabras ajenas, seguramente porque comparte el goce literario, el criterio estético del autor, pero también es cierto que uno quiere “decir algo” con ese cuento. Pone en palabras cosas nos dichas y el cuento es la excusa para exorcizar miedos, angustias y desconsuelos. Si me parece que un momento hubo la necesidad –al menos yo la tuve-, de contar cuentos que narrarán los procesos históricos y políticos de la época de la última dictadura militar argentina. Fue un época muy dura, dónde no se podía hablar ni contar lo ocurrido. Hubo más de treinta mil desaparecidos, nietos apropiados con identidades falsas, existieron torturas y violaciones a los derechos humanos. Yo al menos tuve esa necesidad de contar a través de mi repertorio, esa historia que la historia oficial calló en su momento.
C.- ¿Para qué crees que debe servir la narración oral? 
C.- Ante todo debe servir para un hecho estético y artístico.  Lo demás considero que es una consecuencia y no un fin. Al menos yo me lo propongo así. Seguramente como efectos colaterales se promociona la lectura, se realiza una acción terapéutica tanto para que él que cuenta como para él que escucha. Pero no busco esos objetivos, creo que son más una consecuencia que un fin, en mi caso. De lo que cuento, me importa si es bello y su calidad literaria, nada más. Poco me importa si es un cuento, un relato, una leyenda, un ensayo o un capítulo de una novela y -mucho menos- el sexo o la edad del que lo escribió. Es decir, me nutro de literatura (el arte de las palabras). El arte no tiene edad ni género; tampoco busco respuestas ni mensajes. Como narrador, ningún mensaje pretende dejar ni esclarecer nada a nadie, ni nada que se le parezca.Cuento porque me gusta, porque es lo que sé hacer.
C.- ¿Cuánto hace que narras oralmente?
C.- Este año cumplí veintiún años de narrador oral. El primer y único taller que tomé fue con Dora Apo cuando tenía veinte años, ahora tengo cuarenta y uno, y siento que estoy en mi mejor momento. Pero ojo que la antigüedad no quiere decir nada Me estoy formando constantemente, siempre dudo, me gusta investigar, explorar diversos repertorios, siempre estoy abierto a lo que él público me propone y me dejo llevar. En cambio hay personas que son impermeables o autistas, les pasan los años y siguen contando igual o peor. Ja! Por eso digo que la antigüedad no quiere decir nada, si bien uno adquiere experiencia, a veces no es así. Los ladrillos del Teatro Colón en Argentina, tienen más de cien años y no saben tocar música.
C.- ¿Recuerdas el momento en que contaste por vez primera una historia?
C.- A nivel inconsciente, sin saberlo, fue en el colegio secundario, mis amigos me elegían para que les contara las películas que veía en el cine. A nivel profesional, fue cuando termine el taller que realicé con Dora Apo. Recuerdo que contamos en la placita que está en las calles: Armenia, Costa Rica y Nicaragua. Era un espacio hostil porque era abierto, pero tenía tantas ganas y me hacía tan feliz, que eso no me importó.
C.- Cuéntanos un poco sobre tu experiencia en ese momento. ¿Qué sucedió en tu vida?
C.- Era muy joven, tenía veinte años. Estudiaba de lunes a viernes por la mañana en el Instituto de Enseñanza Superior Alicia Moreau de Justo el profesorado de Castellano, Literatura y Latín. A la tarde tomaba talleres de Títeres, Clown, Comedia Musical, Mimo y por la noche, cursaba la Escuela Nacional de Arte Dramático. Los fin de semana hacia teatro infantil por las tardes y luego ensayaba obras de teatro en un Centro de Jubilado. Como verán siempre tuve mucha energía, eso es algo que siempre me caracterizo, aprovecho todo, mucho, todo el tiempo. A veces mis colegas me cargan y me dicen que tengo varios clones. Siempre pude concentrarme en varias cosas al mismo tiempo, fue un entrenamiento que desarrolle desde siempre.
C.- ¿A qué objetivo te enfrentas cuando cuentas una historia? 
C.- Como dije anteriormente, sólo busco realizar un hecho estético y artístico. Sólo eso: belleza en el lenguaje, calidad del texto, trabajo con el cuerpo y registros diversos. Claro que me gusta enfrentar retos y salirme del lugar de comodidad, necesito esa adrenalna.
C.- ¿Cuando cuentas historias te inclinas por un tema en particular, o te da lo mismo contar un cuento u otro? 
C.- No, no me da lo mismo, soy muy exigente con lo que cuento. Trato de buscar textos de mucha calidad, por sobre todas las cosas. Generalmente me inclino por cuentos oscuros, retorcidos y fuertes. Y autores latinoamericanos.
C.- ¿Cómo ves el desarrollo de la narración oral en América? 
C.- Lo veo muy bien, soy muy optimista al respecto. Creo que como todo proceso, sigue un camino de desarrollo.
Viajo muy seguido a Cuba, Chile, Uruguay y Colombia, siento que en estos países la narración oral luego de ser un “boom”, se ha ido calmando y buscando sus espacios. Que los parámetros de orientación del género se han ido estableciendo con el trabajo constante.
C.- ¿Cómo ves el movimiento de narración oral en tu país. 
C.- Veo que en Argentina ha crecido muchísimo, existen varios encuentros, festivales, jornadas, escuelas y talleres. Que el movimiento se ha descentralizado de Buenos Aires y cada provincia Argentina tiene su propio Festival, escuelas, talleres, etc. Yo dirijo el Festival Internacional de Cuentacuentos, “Palabra Mía”, desde hace catorce años (hasta la edición número doce se llamó Te doy mi palabra), dura casi tres meses y se desarrolla en varias provincias argentinas y en Chile y Uruguay.
C.- ¿Son, todos los que en Argentina cuentan historias, narradores orales, o, como sucede en otros países, según los conocedores del tema, existen quienes utilizan el espacio como pretexto para realizar otras actividades emparentadas con lo escénico? 
C.- Es mi pensamiento, sólo mi visión, no es una verdad revelada, pero considero que en Argentina los que cuentan historias son todos narradores orales y no buscan el espacio como pretexto para realizar otras actividades. Pueden gustar más o menos, pero todos son narradores novatos, estudiantes del género o profesionales.
C.- ¿Existen en tu país promotores sociales de la narración oral, o son todos los que hay, promotores de ésta con intereses comerciales? 
C.- Si, existen narradores orales que trabajan exclusivamente en el ámbito social y no buscan otro objetivo más que el terapéutico. Me parece bien, es una opción y elección. En Argentina, existe desde hace varios años la “Escuela de Narradores Sociales” dirigida por Maria Heguiz, que buscó ese perfil y no el escénico. Más recientemente, se creó el Grupo “Casa Cuna Cuenteros”, donde comparten la tarea lectores y narradores orales en hospitales y espacios de salud. Los narradores que se dedican a lo escénico, es decir, contar en un teatro, café, bar, librería o biblioteca, no creo que sean comerciales. Buscan estos narradores, profesionalizarse a través del trabajo. Creo que es necesario cobrar por el trabajo que uno realiza, darle un valor, eso también demuestra la profesionalización. Es jerarquizar este arte.
C.- ¿Los organismos culturales del estado de tu país promueven la narración oral como actividad con identidad propia, o la incluyen como parte accesoria de otras disciplinas artísticas? 
C.- Ha sido una tarea complicada y dura en el tiempo. Pero se ha ganado bastaste terreno, todavía falta más, por supuesto, pero en eso estamos. Por ejemplo, luego de realizar varias ediciones del Festival Internacional de Cuentacuentos que dirijo en salas de teatro, esto ha sentado precedente y el Instituto Nacional de Teatro abrió una serie de subsidios para eventos, giras y formación para los cuentacuentos. De esa forma podemos trabajar en red con casi todas las provincias argentinas y solicitar estos subsidios para que el Festival Internacional de Cuentacuentos, “Palabra Mía” llegue a prácticamente todo el país.
C.- ¿Hay unidad en el movimiento de narración oral en Argentina, o se encuentra dividido en agrupaciones que compiten entre sí por la supremacía, tal como hemos detectado que sucede en otros países? 
C.- Vuelvo a repetir, es mi pensamiento, sólo mi visión, y como visión, parcial. Creo que sí, que hay una unidad en el movimiento, claro que existen diversos grupos, cada cual con su características y particularidades. Algunos interactúan entre sí, otros no. Pero eso es lo rico me parece, que cada grupo tenga su propia identidad y mirada sobre el género. Creo que no buscamos la “supremacía”, existe el respeto, algunos grupos son más abiertos, otros más cerrados, pero cada cual con su propuesta estética e interactuamos socialmente.
C.- Cuál ha sido tu papel en el desarrollo de la narración oral en Argentina. Contribuye con la historia contándonos un poco acerca de cómo empezó todo. 
C.- La narración oral en Argentina se inicia en dos momentos y con tintes muy diferentes. A finales de los años sesenta, Dora Pastoriza de Etchebarne y Martha Salotti formaban a las maestras de nivel inicial para que contaran cuentos para niños en el Instituto Bernasconi de Formación Docente. Luego a partir del año mil novecientos ochenta y seis, Daniel Mato, argentino exiliado en Venezuela, discípulo de Francisco Garzón Cespedes, imparte el primer taller donde transmite las técnicas para contar cuentos para adultos en el Celcit (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral). De allí surge el primer grupo de narradores orales, llamado “Los Cuenteros”. Luego el movimiento comenzó a desarrollarse, yo pertenezco a una segunda camada de narradores orales. Fundé y creé el Círculo de Cuentacuentos, grupo de narradores orales profesionales. Con ellos organizamos el Festival Internacional de Cuentacuentos, Te doy mi palabra, también fundamos el Boletín Te doy mi palabra: noticias de los cuentacuentos. Más tarde las Jornadas Internacionales de LIJ. Seguimos trabajando juntos desde hace quince años, sin perder la particularidad e individualidad de cada uno. Cada integrante del Círculo de Cuentacuentos coordina sus talleres, tiene sus espacios para narrar, sus grupos de alumnos e interactuamos entre nosotros también. Dirijo desde hace 14 años el Festival Internacional de Cuentacuentos, con sedes prácticamente en todo el país. En el año 2011 la Fundación El Libro de Buenos Aires reconoció mi labor y trayectoria distinguiéndome con el “Premio Pregonero” en la categoría “Narrador Oral”. En el año 2012 recibí en Cuba el “Premio ContArte” también por mi labor y trayectoria como cuentacuentos. Desde hace tres años conduzco el programa “Juglaría”, dedicado a la narración oral y la LIJ, por este programa gané otro “Premio Pregonero” 2013 por “Labor radial”. En el 2014 recibí el “Premio Cochero Azul” en la provincia de Matanzas, Cuba por mi trayectoria y labor en la narración oral. En el 2015 publiqué mi primer libro de cuentos “Olga y los pájaros” de Ediciones Sherezade, editorial chilena. Desde hace ocho años dirijo junto a Elvia Pérez, el evento “Cuenta Habana” en la isla de Cuba, encuentro e intercambio entre narradores argentinos y cubanos. Este año pega el salto y se transforma en Festival Internacional de Cuentacuentos en la Habana, Matanzas y Varadero, recibimos invitados de Chile, Colombia, México, República Dominicana, Venezuela, Uruguay, Argentina y Cuba. Este año, 2015, fundé “Cuentería, Escuela Latinoamericana de Cuentacuentos”, con docentes de Argentina, Chile, Cuba, Colombia, España, Perú, Venezuela y México. Y el año que viene, 2016, inauguramos un segundo nivel en “Cuentería, Escuela Latinoamericana de Cuentacuentos”.
C.- ¿Temes que te critiquen? 
C.- No, para nada. Creo que es necesario saber escuchar las críticas, ayudan a crecer.
C.- ¿Temes hacer crítica? 
C.- No, no temo, pero hago crítica únicamente a la gente que me la pide. Como docente y formador de narradores orales, siempre estoy realizando críticas y compartiendo con mucho respeto mi pensamiento y visión artística con mis alumnos.
C.- ¿Qué crítica le harías al movimiento de narración oral de Argentina? 
C.- Como dije anteriormente, soy muy optimista respecto al movimiento en Argentina. Mi visión y recorte, ya es una crítica respecto al movimiento. Pero sí siento que todavía necesitamos generar un público genuino, un público que no sea narrador oral. Y sobre todo que lo jóvenes se acerquen a este movimiento.
C.- ¿Cómo ves el futuro de la narración oral en América? 
C.- Lo veo con esplendor, creciendo cada año más. El tiempo ha ida decantando: viven de la narración oral los cuentacuentos profesionales, aparecen nuevos festivales y encuentros, otros desaparecen, y todo movimiento es vida. El desarrollo y la evolución son constantes y por suerte, la narración oral en América Latina no escapa de ello.
C.- ¿Cómo ves el futuro del movimiento de narración oral en Argentina? 
C.- Lo veo de la misma manera que la pregunta anterior.
C.- ¿Te queda algo por decir? 
C.- No. ¡Muchas gracias!
C.- ¿Qué opinas de ti mismo? 
C.- Soy grande porque no soy niño, pero creo que jamás llegaré a ser adulto. Pongo demasiada pasión en las cosas que hago, en todas. No concibo la vida sin pasión. Y eso a veces me trae problemas. Es que siempre disfruto todo, mucho, todo el tiempo. El momento en que vivo es el más pleno y siempre tengo la sensación de que lo mejor está por venir. Y así sucede. Por eso será que me enamoro todos los días como si fuera la primera vez y la última. ¿Saben lo que descubrí? Descubrí que la mayoría de mis sueños se cumplieron o se están por cumplir. Y que me encanta luchar para que se cumplan. Eso me hace feliz. Me di cuenta de que soy muy afortunado y siempre tuve mucha suerte en la vida. Y soy feliz, tan feliz que a veces tengo miedo de que la alegría no me quepa en el cuerpo. ¿Qué más se puede pedir o soñar? Entonces, me gustaría pedir que todos sintieran esta alegría loca que me hace tan feliz. 

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