Entrevista a Benjamín Briseño

Escrito por Benjamín Briseño el . Publicado en Main
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Entrevista a Benjamin Briseño
Narrador Oral mexicano

Por: Germán Jaramillo Duque

C.- ¿Quién eres tú, según tú?
B. – Uy, señor Jaramillo, qué pregunta tan violenta para iniciar una conversación… Pues soy un individuo que para vivir cuenta cuentos, imparte talleres, gestiona y administra espacios para la narración oral. Soy un tipo al que le gusta leer, ver cine, disfrutar varios placeres de esta vida, compartidos y solitarios. Seguro soy otras cosas pero por ahora con esto dicho basta.
C.- ¿Vienes del teatro?
B.- Sí, estudié la carrera de Literatura dramática y teatro en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde además de recibir una formación como intérprete teatral (actor) adquirí elementos para la investigación y la docencia de este arte y principalmente, durante esos años, generamos (junto con mis compañeros y maestros) una constante reflexión crítica acerca de la realidad y el papel del arte frente a ella.
C.- ¿Crees, como lo sostienen algunos que el teatro está en crisis y que por esa razón muchos de quienes provienen de él se han dedicado a la narración oral?
B.- Cuando era estudiante en la primera mitad de los años 90 ya se decía que el Teatro estaba en crisis. Y algunos de mis maestros decían que décadas atrás también se afirmaba lo mismo. Confieso que no estoy muy cercano del teatro que se realiza en la actualidad ni a nivel comercial, ni en los circuitos independientes o universitarios que es donde por lo general se presentan propuestas interesantes, experimentales o con mayores riesgos temáticos y estéticos. Pareciera que hablar de la crisis del teatro o de un arte en general se convierte en tópico, en lugar común. Sin embargo, de haber enfrentado crisis reales me parece que puede ser muy positivo para las artes o cualquier aspecto de la existencia. La crisis obliga al cuestionamiento, al replanteamiento, a la búsqueda de soluciones y propuestas creativas. En el mejor de los casos a la innovación y la expansión de los propios horizontes.
A mí me parece que el hecho de que muchos actores o gente formada en el Teatro incursione en la narración oral se debe a muchas razones diversas. Algunas más legítimas en términos artísticos, como la necesidad de explorar otra disciplina escénica para seguir creando y produciendo arte, experimentando nuevas formas de comunicación que no se dan en el teatro.
Pero también hay gente que lo hace desde cierto oportunismo o conveniencia, con intereses más económicos que artísticos. Que podrían ser válidos si están sustentados en una postura ética de conocer las particularidades de la narración oral como arte comunicativo y asumiendo la gran responsabilidad que implica contar con el público. Otros sí son meros mercenarios pero tienden a desaparecer pronto del panorama.
En este sentido cabe mencionar que aquí en México, hasta hace algunos años, había recelo de los narradores que no venían del teatro hacia los actores que empezaban a contar cuentos. Había un rechazo casi apriorístico, de antemano, prejuzgando que por ser actores iban a “actuar” en lugar de contar. Y la realidad es que muchos y muchas de estos compañeros se comprometieron con la narración oral al grado de formarse seriamente en ella, conociendo la fundamentación teórica, asistiendo a los talleres de narración e investigando por su cuenta para comprender las particularidades de la narración y sus diferencias con el teatro y particularmente con la actuación. Varios de ellos hoy en día son de los mejores narradores orales mexicanos y algunos alternan su trabajo con el teatro exitosamente.
Lo que habría que rescatar es que los actores tienen una formación que los narradores orales contemporáneos deben tener también necesariamente: un trabajo de autoconocimiento, exploración y desarrollo de sus herramientas corporales y verbales. Una conciencia sobre sus mecanismos expresivos particulares, únicos y propios. Amén por supuesto de conocer toda la técnica y metodología propia de la narración y de la cuentería. A algunos de los narradores que venían de la educación o de otras áreas no escénicas les molestaba el trabajo de los teatreros sin detenerse a pensar que esas competencias y habilidades trabajadas eran un valor agregado a su trabajo como narradores permitiéndoles una mejor comunicación con la gente a partir de su autoconocimiento.
Por fortuna en este momento diversos grupos y formadores de narradores en este país ya han hecho conciencia de ello y están incorporando a sus propuestas el trabajo de conciencia corporal, desarrollo profesional de la voz, experimentación de lenguajes no verbales, análisis de textos, creación literaria y cualquier herramienta que abone al desarrollo consciente de las competencias expresivas de los narradores orales. Y vale mencionar que me estoy refiriendo a los narradores profesionales, es decir, aquéllos que asumen este arte como su fuente de vida, de trabajo o de ingresos. De los narradores instrumentales, sería otro asunto a reflexionar.
C.- Hay quienes afirman que la narración oral es una especie de sustituto del teatro. ¿Coincides con esta aseveración?
B.- No, de ninguna manera. Son artes muy distintas. Hermanadas sí en lo escénico, entendiendo lo escénico como un acto acordado ex profeso, extra cotidiano, con una serie de convenciones propias. Al menos la narración oral artística. A la que yo me dedico como narrador contemporáneo, no la de los contadores tradicionales ni comunitarios. En lo escénico, retomo, teatro y narración comparten ciertos elementos, pero en los medios y fines comunicativos con el público difieren. La relación entre el artista y el público quizá la más notable. La contundente relación de horizontalidad que se establece entre el narrador y la gente no ocurre en el teatro ni la actuación, ni siquiera en las propuestas teatrales más vanguardistas donde se suprime la llamada “cuarta pared”. El narrador hace de la contada la expresión extrema del estar en el aquí y en el ahora, del vivir este acto estético como un momento que hacemos juntos, tú y yo, ustedes conmigo, yo con todos. Además me parece un absurdo plantear que el teatro pueda ser sustituido por otra cosa. Hemos visto híbridos de teatro-danza, teatro del cuerpo, pero son expresiones que no han sustituido al arte teatral.
De manera análoga y pensando en el surgimiento bullicioso en nuestro país de la comedia de situaciones o stand-up comedy por su acepción en inglés, podríamos cuestionarnos ¿el stand-up vendrá a ser un sustituto de la narración oral? A mi parecer no. Incluso cuando tengo noticia de que muchos narradores en Latinoamérica dan tumbos entre ambas disciplinas, a veces sin diferenciar cuándo están contando o cuándo están haciendo su rutina de stand-up. Creo que luego de este momento de efervescencia por el humor ligero, irreverente y vulgar en muchos casos del stand-up vendrá, por parte de los artistas conscientes, un momento de reflexión para entender qué es uno y qué es otro. Diferenciar por ejemplo el discurso de uno y otro. La posible superficialidad de uno, su inmediatez y ausencia (en la mayoría de los casos) de crítica social o compromiso cultural. Su cualidad de mero entretenimiento contra lo que persigue idealmente la narración oral.
C.- ¿Para qué crees que debe servir la narración oral?
B.- Como arte su finalidad es estética, persigue proporcionar una experiencia placentera a los sentidos y la mente, es una exaltación del espíritu humano. Ya en el ejercicio personal puede tener otros fines agregados como la recuperación del patrimonio inmaterial de los pueblos, sus tradiciones, leyendas, historias, etc. Puede contribuir a la divulgación de la literatura universal. Es decir, puede tener también usos instrumentales que no le demeritan siempre que los objetivos sean claros y definidos para cada espacio en el que tiene lugar el hecho estético de la narración.
C.- ¿Cuánto hace que narras oralmente?
B.- Inicié en 1998, contando para un programa del Instituto de Cultura de la Ciudad de México llamado Juglares y jugares por todos los lugares. Haciendo cuentas ya son 17 años de este andar. Pero fue a partir del 2000 en que me dediqué exclusivamente a contar, formar y gestionar, todo en torno a la narración oral y el fomento lector, convirtiéndola en una de las líneas principales de mi profesión.
C.- ¿Recuerdas el momento en que contaste por vez primera una historia?
B.- Debió ser en la infancia como acto cotidiano pero consciente de que estaba “enganchando” a mis amigos, pero es brumosa esa memoria. Si pienso en la primera vez en que conté ya para un público, en el marco de un programa definido y en un contexto artístico… fue relativamente poco antes del programa de Juglares y jugares.
C.- Cuéntanos un poco sobre tu experiencia en ese momento. ¿Qué sucedió en tu vida?
B.- En realidad fue una mala contada. Mi versión (basada en un cuento de la literatura infantil) no estaba bien trabajada. Había una pobreza de imágenes que influía en desarrollar un ritmo irregular. Y luego completé mi tiempo de sesión haciendo juegos inter participativos con “decoración literaria”. De verdad no era nada bueno. Pero si algo positivo salió de eso fue que me obligué a trabajar más. Consulté los textos teóricos disponibles en ese momento del cubano Francisco Garzón (metodología referencial de importancia en la época), me asomé (porque no terminé ninguno) a algunos talleres y conocí lo básico de la técnica en boga en ese momento, pero sobre todo, agucé mi observación al trabajo de los narradores serios que me parecían efectivos para contar. Me apliqué en el trabajo. Y eventualmente lo hice mejor.
C.- ¿A qué objetivo te enfrentas cuando cuentas una historia?
B.- Creo que son distintos y tienen que ver con cada historia o con las motivaciones que se tienen para contarla. Hay cuentos que preparé para lograr una interacción específica con la gente y explorar mis capacidades lúdicas. A últimas fechas encontré cuentos que hablan de algunas infancias que me identificaron y provocaron poderosamente por no ser edulcoradas ni ideales, que hablan de las relaciones de padres e hijos desde la auténtica condición humana y tienen matices que no siempre se ve en la literatura infantil. Y quise explorarlos, contarlos con todos pero principalmente con los niños y niñas. Perseguí la honestidad con temas nada complacientes para ver qué sucedía con mis públicos. ¿Aceptación, rechazo, indiferencia, compromiso, identificación? Encontré diferentes respuestas, pero me alegró saber que la mayoría se encontraba en el rango de lo que me había propuesto. En fin, que los objetivos cambian de cuento a cuento, de puesta a puesta de espectáculo. Lo que no debe existir es ausencia de objetivo. O peor aún, complacencia para que te compren el cuento…
C.- ¿Cuando cuentas historias te inclinas por un tema en particular, o te da lo mismo contar un cuento u otro?
B.- Tengo mis temas, sí. La tradición oral y los mitos primigenios, los cuentos populares de espantos y aparecidos, la crítica a la estupidez humana. Pero en realidad, y se me hace cada vez más difícil encontrar mi repertorio, lo que me mueve de una historia es que haya pulsiones y tensiones humanas poderosas. Si me conmuevo con un planteamiento inteligente y a veces confrontativo, sé que estoy frente a mi cuento. Tengo varios que no he llevado a la puesta. Esperando a madurar el tratamiento, buscando los modos para decirlos. A veces me quiero forzar y no salen las cosas. Por ejemplo, veo una ausencia en mi país de narradores que hagan crítica social, apuntes al sistema político, denuncia de temas que nos dañan y de los que todos hablan en el café pero nadie expresa haciendo arte. Claro, siempre está el peligro de desbordarse y caer en el panfleto, por eso el reto de crear un agudo espectáculo con la dosis suficiente y exacta de provocación, sin hacer proselitismo, terapia o imponiendo agendas personales. Y no se da. Me afané y busqué en los periódicos las noticias cuando la literatura no alcanzaba o me daban ganas de empezar a crear material original, y bueno, me enfermé de amargura. Me tu vieron que operar abscesos de grasa que se me hicieron en el cuerpo y en la cara. Pero más allá de la experiencia propia en esta búsqueda, a lo que voy es que uno elige sus temas cuando está listo para ellos. Y lo más raro es cuando algún tema te elige a ti. Esa es otra experiencia.
C.- Desde el punto de vista de la responsabilidad del mensaje, ¿crees que la narración oral está ejerciendo el mismo papel de observador y cuestionador de la realidad, que en sus momentos de esplendor tuvo el teatro?
B.- En complemento a lo que señalaba anteriormente, creo que no. Siento ausencia de ello. Al menos acá en México. Me viene a la cabeza un solo espectáculo de mi compañera Mercedes Hernández sobre las muertas de Juárez al norte de mi país. Desgarrador. Pero el único. Y está en la línea que preguntas, de un arte que cuestiona o denuncia para reconocer nuestra parte de miseria humana. De ahí en más la narración mexicana creo que se queda en los terrenos del entretenimiento, inteligente a veces, pero entretenimiento.
C.- ¿Cuentas cuentos de autor, de tradición oral, o cuentas los que escribes?
B.- Principalmente de los dos primeros aunque elaborando mis propias versiones y cerciorándome de tener elementos que sean una firma. Por ejemplo, ¿cuántos de nosotros contamos en Latinoamérica la ecuatoriana María Angula? Muchos. Pero siempre he estado muy orgulloso del remate al que yo llegué con el tiempo. Que rebasa el final mismo de la versión oral consignada en los libros, no traiciona al original y hasta lo hace crecer. Eso me satisface porque aporto y no sólo reproduzco. Y quien lo escuche sabrá que es la historia de ese pueblo pero en la voz original de ese narrador.
C.- Es conocido el trabajo que haces de promoción de la narración oral a través del proyecto Regaladores de Palabras. ¿Cuánto hace que empezaste a hacerlo?
B.- Regaladores de Palabras nació en el 2008 cuando mi hoy socia Edna Rivera me invitó a que hiciéramos un programa de lectura en voz alta para la UNAM. Ahora en 2015 cumplimos siete años con un crecimiento notable pues hace cuatro pasamos de estar en una sede a tres espacios universitarios. En 2008 fui yo quien propuse a Edna y a la UNAM hacer un programa colectivo de narración oral dada la cantidad y diversidad de narradores que había en la Ciudad de México. La idea gustó, se aprobó y al día de hoy sigue caminando con los objetivos con que fundamos el programa: brindar espacios dignos al artista, al arte y al público de la narración oral.
C.- ¿Crees en la narración oral como un medio de estímulo para conducir a la lectura?
B.- Sí, también la he visto funcionar así. He visto a la gente ser picada en su curiosidad y despertar el deseo de conocer las fuentes de los cuentos literarios que cuentan muchos de mis colegas o yo mismo. A veces quedan más satisfechos con el original y a veces con la versión del narrador. Pero sí es una vía a la lectura autónoma.
Sin embargo, la narración oral no es un arte para fomentar la lectura. O no en esencia. No es su función primordial. Ya hablamos de su naturaleza estética y por tanto de su fin per se. Lo otro es valor agregado cuando está bien hecho.
C.- ¿Por qué cuentas historias?
B.- Porque tengo la necesidad de creer en la gente. Por la necesidad de buscar algo que sostenga la esperanza. Porque es mejor que salir con un arma a destruir todo lo que crees que está mal.
C.- ¿Para qué cuentas historias?
B.- Para comprender la naturaleza humana y mi naturaleza humana. Para entrecruzarme con otros en el camino y comprobar que contar con los otros despierta destellos de comprensión y sueños comunes. Quizá por puro y estúpido romanticismo.
C.- ¿Cómo ves el desarrollo de la narración oral en América?
B.- No tengo muchos elementos para hablar de lo que ocurre en otros países pero la apariencia es que hay una efervescencia en diferentes lugares y se están fortaleciendo redes, surgiendo espacios (no sé si profesionales o no, que retribuyan económicamente a los artistas). Llegan nuevas generaciones de narradores. Hay en apariencia movilización.
C.- ¿Son, todos los que en México cuentan historias, narradores orales, o, al igual que sucede en otros países, según los conocedores del tema, existen quienes utilizan el espacio como pretexto para realizar otras actividades emparentadas con lo escénico?
B.- Hay de todo, sí. Pero mucho de este asunto tiene que ver más bien con las políticas culturales y los criterios (principalmente la ausencia de criterios) de las instituciones públicas y privadas que programan en sus espacios destinados a la narración oral a gente que no está presentando espectáculos de narración oral. Recuerdo a una señora muy agradable como persona que contaba en el interior de la República Mexicana “cuentos para niños”, pero para que se divirtieran –decía- se tenía que disfrazar de la abuela cuentacuentos y se ponía entre otras cosas un pantalón ancho, muy ancho, donde podía meter pelotas enormes simulando dos nalgas gigantescas. Y cuando estaba en escena literalmente se iba de nalgas y el público era feliz y se destornillaban de risa con eso. ¿Crees que es culpa de ella? Pues no solamente. ¿Qué hay de la gente de la secretaría de cultura estatal que la contrataba, del funcionario en turno? El problema es una falta de profesionalización desde allí, del jefe de programación que abre un espacio a la narración oral y confunde lo que es un cuentacuentos, un payaso, un entretenedor, o lo que sea. Y en esa confusión acaba confundiendo al público que cuando oye cuentacuentos espera necesariamente a una persona con vestuario “chistoso”, que me haga reír hasta las lágrimas y me entretenga. Esa señora que te cuento vino a un taller que dimos en ese momento. Se involucró en el proceso y accedió a contar sin vestuario y a trabajar una historia personal. Y resulta que contó bien, rico, interesante, expresivo, afectivo. Pero tiempo después, supimos, volvió a las nalgotas. Su decisión. Cuando hay formación, ya es responsabilidad del artista su propuesta y debe asumir las consecuencias y los logros (si los hay) de ella. Y ahí es donde surge el marco conceptual e ideológico de las instituciones y la formación de funcionarios y programadores, para determinar qué si forma parte de tu agenda programática y qué no. Porque también tienes la responsabilidad de la formación de públicos y debes mostrarle con claridad cuándo están viendo a un aficionado y cuando a un profesional del arte.
Pero el diletante, el aficionado, tiene derecho a sus espacios, sólo habrá que diferenciarlos de los profesionales.
C.- ¿Los organismos culturales del estado de tu país promueven la narración oral como actividad con identidad propia, o la incluyen como parte accesoria de otras disciplinas artísticas?
B.- Ambas. Otra vez, dependiendo del criterio de la dependencia o del funcionario. Por ejemplo, la máxima institución nacional de cultura tiene un área para el desarrollo cultural infantil donde la narración oral tiene un departamento ex profeso. Pero en otra área, de la misma institución pero de estímulos a las artes y los artistas a través de becas, la narración oral aparece como una sub disciplina del teatro… Ese es un pendiente de los narradores en este país, que nuestro trabajo aún no ha contribuido lo suficiente a generar una Identidad propia a este arte.
C.- ¿Crees que existe unidad en el movimiento de narración oral en México, o se encuentra éste dividido en agrupaciones que compiten entre sí por la supremacía, tal como hemos detectado que sucede en otros países?
B.- En el presente se está rompiendo con el sectarismo que se generó en los inicios de la narración mexicana. Veo que los narradores van tomando conciencia de que uniendo esfuerzos se conquistan espacios institucionales para el oficio. Muchos han llegado a una madurez en este sentido, pero como en toda actividad humana persisten las debilidades y vicios de carácter. Gente que sigue viendo al otro como un rival. Gente que compite deslealmente. Gente que devalúa el trabajo con tal de obtener proyectos. En fin, nada que no sea propio del ser humano y por tanto nada que no ocurra en los otros países de América y Europa donde hay grupos profesionales de narradores.
C.- Cuál ha sido tu papel en el desarrollo de la narración oral en México. Contribuye con la historia contándonos un poco acerca de cómo empezó todo.
B.- Creo que correspondería a otros señalar lo que hemos hecho verdaderamente significativo. Pero si vale comentar, me parece que con el programa de Regaladores queda demostrado cómo concebimos el trabajo del narrador oral profesional. Por un lado debe atenderse que a los profesionales debe dárseles un trato como tales ofreciendo condiciones dignas para que desarrollen con alegría y comodidad su trabajo. Por una parte espacios que permitan centrar la atención en el acto artístico. Recursos técnicos suficientes para cubrir las necesidades mínimas del artista. Una programación seria y sistemática acompañada de mecanismos de promoción y difusión que atraigan a nuevos públicos. (Esto me importa mucho y es una de las líneas en que más trabajamos, la creación y formación constante de públicos nuevos. No me complacen los espacios de narración oral donde los públicos son los propios narradores y sus limitados y siempre iguales públicos asistentes. Espacios de autoconsumo, me parecen, que terminan en una especie de involución o al menos de estancamiento artístico y de autocomplacencia. Por eso creo que es obligación de un programa crear mecanismos para renovar permanentemente públicos que entre otras cosas reten permanentemente al artista a conquistarlos para formarlos como personas que aprecien el arte de narrar oralmente. Ganarlos para la causa diría yo.)
Adicionalmente creo en que uno como gestor debe resolver con las instituciones o patrocinadores el tema de los honorarios para los artistas. Pero honorarios reales, no simbólicos. Parto de la base que si tú contratas a un profesional es porque dedica su vida y tiempo a esto, vive de esto y por tanto le debes una remuneración en ese sentido. Si tú pagas a un artista salarios justos estas financiando que siga dedicando su tiempo a la profesionalización y producción de espectáculos de mayor calidad.
Está incluso el tema de la responsabilidad social al tener un programa artístico que contribuye a activar la vida de las comunidades y ofrece espacios de convivencia a través del arte. Un programa cuyas temáticas y propuestas tienen aportaciones a la formación cultural de la gente. Un programa que no piensa en el entretenimiento por el entretenimiento sino en el que es inteligente y formativo. Claro, en la labor programática uno llega a equivocarse ocasionalmente, pero son los riesgos que se deben correr para mantener un programa vivo y pulsante.
En términos generales creo que si algo hemos aportado a la manera en que se trabaja la narración en este país es en empujar hacia la profesionalización del acto artístico y que los narradores tomen conciencia de ello y luchen por ello en otros espacios.
C.- ¿Qué diferencias estableces entre el movimiento de narración oral de México y el del resto de América.
B.- Desde lo artístico pienso en los estilos. Veo a los cubanos o a los colombianos con esta vena de cuentería popular tan viva, sanguínea y hasta explosiva que los hace tan particulares. Los españoles que he conocido me parecen más cercanos a la teatralidad (en un sentido positivo). Y en los argentinos y mexicanos veo una propuesta muy plácidamente trabajada en la literalidad de las historias. Pero claro, es una visión parcial y limitada a los extranjeros que visitan mi país.
Ahora bien, en términos de gestión conozco algo de lo que hacen en Colombia que México no ha trabajado y en lo que me gustaría adentrarme. El trabajo en las universidades con jóvenes. Este tema de tener talleres permanentes de cuentería en los espacios de las escuelas profesionales y de ahí desarrollar programas e incluso Festivales y encuentros interuniversitarios es un sueño que hemos acariciado desde hace mucho tiempo. Daría un impulso fantástico a nuestro quehacer en tanto que se divulgaría entre muchísima gente joven (que hoy veo ausente de nuestros espacios), al mismo tiempo que contribuiría desde una perspectiva creativa y estética a refrescar e incluso renovar las propuestas que se hacen de narración oral.
Hace tres años Regaladores de palabras propuso a la UNAM un programa de esta naturaleza que fue bien visto pero que por falta de recursos quedó replanteado como un pilotaje de formación de narradores orales universitarios para cumplir un servicio social artístico. Se hizo un planteamiento con el objetivo de detonar el interés por la narración entre universitarios y finalmente el tema económico dejó en el escritorio de las autoridades este proyecto. Sin embargo ese año pudimos lograr que narradores profesionales llegaran a la comunidad universitaria de bachillerato y profesional en las Jornadas de Bienvenida a la UNAM donde además de presentar la oferta cultural universitaria, divulgamos el arte del narrador entre los jóvenes. Ese y el año siguiente, en un par de jornadas llegamos a casi 200,000 muchachos y muchachas. Por decisiones ajenas a nosotros ya no hubo continuidad pero esta experiencia detonó que varias facultades conocieran y se interesaran por el trabajo de los narradores y que por su cuenta buscaran a los artistas para su oferta cultural.
Mantengo la idea de que algún día, sea en esta u otras escuelas profesionales, logremos programas a gran escala para que nuestro arte logre una mayor inserción social y por supuesto genere un impacto verdaderamente significativo. Ese es un pendiente que tenemos los artistas y gestores de la narración oral en mi país. Llevar este arte a un nivel de mayor proyección social que rebase nuestros pequeños espacios y dejar que la gente se apodere de él. Pero insisto, sería mejor que otras voces validaran lo que te refiero.
C.- ¿Temes que te critiquen?
B.- Me repudia la crítica que se hace con mala voluntad. O la que se deja de hacer por el mismo motivo. Anhelo un análisis riguroso, muy fundamentado que detone verdaderos espacios de crecimiento. La crítica es una práctica necesaria para cualquier arte. Puede que te haga sentido o no, incluso que te vulnere, según tu sensibilidad, pero si eres lo suficientemente abierto e inteligente puedes entender los aciertos de esa crítica y mirar aspectos de tu creación que no habías observado y prestar atención a ellos para mejorarlos.
C.- ¿Temes hacer crítica?
B.- No. Considero que tengo claridad en mi quehacer y los elementos que lo constituyen como para poder valorar otras propuestas que no sean las mías propias. Sin embargo la crítica amerita dedicación, tiempo, investigación. Estructurar muy bien el discurso analítico. Aquí en México hay pocos críticos de teatro, de danza, de artes plásticas, pero los hay. No hay uno solo de narración oral o cuentería.
C.- ¿Qué crítica le harías al movimiento de narración oral de México?
B.- Esta respuesta en sí, sería tema de toda una conversación. En breve te diría que habría que iniciar ponderando lo bueno que ha sucedido en los últimos años. Primero, la incorporación de mucha gente joven, sobre todo recientemente, que llega desde la honestidad y la ausencia de prejuicios, con actitud abierta y comprometida. Otro aspecto es la conciencia que empiezan a adquirir incluso los grupos veteranos de involucrarse en dinámicas de gestión más modernas, entendiendo, en el discurso al menos, que hay una necesidad real de trabajar como empresas culturales si se desea tener una verdadera incidencia sociocultural. En contraparte hay muchísimo aún que trabajar para romper el sectarismo. Reflexionar en actitudes y posturas mesiánicas que impiden la auténtica construcción de una red solidaria de trabajo. Trabajar en la apertura de espacios financiables o autofinanciables que remuneren dignamente a los artistas. Mantener un rigor y estricto control de calidad en las producciones artísticas que son el último y verdadero gancho que atraerá a nuevas generaciones de público a los espacios. Generar espacios de reflexión teórica para nuestro quehacer: publicaciones, ensayos, crónicas, etc, que además de hablarnos de la narración oral desde nuestro propio horizonte mexicano, siente las bases de un legado que permita el crecimiento de lo que eventualmente podría ser un auténtico movimiento.
C.- ¿Cómo ves el futuro de la narración oral en América?
B.- La movilidad de tantos artistas extranjeros que llegan a mi país con sus propuestas (muchas muy tradicionales y comunes a lo que hacen acá mismo varios grupos) pero otras con el riesgo de la experimentación y búsqueda de lenguajes, y la movilidad de algunos mexicanos hacia otros países me permite aventurar que los puentes se van estrechando y que viene un crecimiento positivo para todos. Desearía que fuera tanto cuantitativo como cualitativo. Al menos acá en México no hay tantos artistas de la narración oral para la cantidad de población que tenemos. Faltan. Pero quisiera ver a gente que vive para ello en cuerpo y alma. Que tiene el hambre (estética, sí) pero también real, que tiene una necesidad económica y por ello apuesta todo para ser retribuido por la expresión de su arte. En fin, que el futuro podría ser mejor que el pasado del que venimos.
C.- ¿Cómo ves el futuro del movimiento de narración oral en México?
B.- Creo que lo he respondido antes. Pero te diré no cómo lo veo, sino como lo deseo, como trabajo desde mi trinchera para intentar que lo sea: primero que nada, un movimiento ético y maduro. Respetuoso de la otredad y responsable por sí mismo. Crítico pero sobre todo autocrítico. Muy dinámico y compitiendo sanamente en la producción artística, estimulado para generar nuevos públicos en espacios alternativos incluso. Un movimiento que no se incomoda con el amateurismo ni el diletantismo, que es tan sólido que sabe que no compiten unos con otros, son diferentes y cada uno tiene su espacio y momento. Deseo un movimiento tan bien basado que detona el surgimiento de críticos especializados, de promotores especializados, de funcionarios públicos y programadores especializados. Pero como te decía hace un rato, igual y es puro estúpido romanticismo.
C.- ¿Te queda algo por decir?
B.- Siempre habrá algo por decir si nos mantenemos andando en esto de los caminos del arte. Y es que sigo creyendo que la reflexión nos enriquece, por ello agradezco esta conversación que me obliga a reflexionar y a seguir andando para tener algo más que decir y algo más que compartir.
C.- ¿Qué opinas de ti mismo?
B.- Que soy un tipazo, jejeje.


 

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