Las trampas de la satisfacción

Escrito por Germán Jaramillo Duque el . Publicado en Columnas
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La satisfacción es un aposento dentro del cual se provoca un estado de tranquilidad, de apariencia sublime, cuyo exceso puede generar cambios perjudiciales en la percepción de quien entra en él, si no tiene conciencia de todo cuanto hizo para llegar a dicho estado emocional.
La satisfacción embriaga y parece destinada a contribuir con el olvido de las dificultades sorteadas durante un proceso, y por ello el éxito no es garantía de análisis para descubrir errores y evitar su repetición, pues no siempre actuamos impulsados por el deseo de generar desarrollo, sino para mantener algo cuya duración en el tiempo nos parece suficiente para garantizar su importancia.
A raíz de la incómoda situación de la pandemia del 2020, muchas voces, con sonido innovador, estuvieron convocando a todos a buscar la forma de “no dejar de ser”, con la pronunciación de términos vestidos de confianza, y como el aprendizaje del método para no dejar de ser no se logra de un momento a otro, entramos en un estadio de incertidumbre, y abrimos amplios espacios de ansiedad, pues no poseemos ideas suficientes acerca de cómo construir satisfacción, porque nuestra historia nos ha entretenido siempre con las dificultades.
Durante la pandemia no ha sido sencillo llegar a un estado de satisfacción, debido a la necesidad de hurgar entre nuestros intereses y nuestra naturaleza, para descubrir combinaciones capaces de salvaguardar los rasgos sociales, mientras continuamos con el ejercicio de nuestras actividades a través de medios virtuales.
La virtualidad se ha hecho popular, de repente, por fuerza de las circunstancias. De un momento a otro nos volvimos virtuales, y para no desaparecer de la escena terminamos aceptándola, sin elementos de juicio, razón por la cual no estamos en capacidad de explicar nuestro ingreso a ella, sino es apelando a la excusa de “por la fuerza de las circunstancias”, tal como sucede con todo cuanto atañe a nuestra vida diaria, signada por el azar.
¿Qué nos ha dejado hasta ahora la virtualidad?, vale la pena preguntar, para conocer los porcentajes de conciencia y de inercia ocurridos, porque el traslado de actividades hacia ella ha sido enorme, y debemos preguntarnos si dicho tránsito ha sido un avance, y si ha hecho crecer la eficiencia de nuestro proceso.
La virtualidad, algo con lo cual nunca esperamos encontrarnos de frente para mantener la vigencia de nuestras actividades, nos arrastró, a pesar de las dificultades técnicas, porque no estábamos tan abundantes y diestros en tecnología, como nos lo han hecho creer las apariencias, para dar este paso con resultados confiables. Por eso, para justificar la satisfacción se está invocando la cantidad, categoría con la cual se mide actualmente la calidad de un producto, para dar a ésta el calificativo de nuevo y atractivo medio de interacción.
¿Ya hemos hecho un análisis para definir si durante la virtualidad nuestro oficio se mantuvo en reposo, o consiguió fortalecerse?.
Vale la pena hacer preguntas como ésta, para averiguar si hemos sido conscientes de nuestros actos virtuales, o empujados por “la fuerza de las circunstancias”.
  

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